Mientras lo decía, Vanesa dudó un poco y miró a Kiara.
—Kiki…
No quería que Kiki se hiciera ideas.
Kiara se mantuvo serena. Miró hacia Pamela y habló con calma:
—Mamá, lo entiendo. Veinte años de vivir juntos no se borran de un día para otro. Ahorita la humillación fue muy grande; es fácil que se le vaya la cabeza. Lo entiendo.
Vanesa le apretó la mano, con el corazón apachurrado.
Álvaro miró a Kiara con atención; al verla realmente tranquila, asintió.
—Voy a verla.
Álvaro se fue.
Kiara seguía platicando con Vanesa, sonriendo, para que no se preocupara de más.
De pronto, frunció apenas la nariz: detectó en el aire un olor extrañísimo, tan tenue que casi no se percibía.
Era intermitente, apenas un rastro.
Si Kiara no hubiera tenido tanto contacto con hierbas y medicamentos, ni lo habría notado.
Su mirada se ensombreció.
Ese olor… se estaba esparciendo con el tiempo.
Y si alcanzaba cierta concentración, las consecuencias podían ser gravísimas.
¿Quién se atrevería a hacer algo así en la cena de la familia Carrasco?
—Abuelo, papá, mamá… voy al baño.
Sin cambiar la cara, se despidió y se apartó del grupo sin llamar la atención.
Su mochila estaba en el camerino.
Ahí traía siempre algunas hierbas y herramientas; con eso podía neutralizar el gas que se estaba soltando en el evento.
Mientras caminaba, Kiara barría el entorno con la mirada, buscando el origen del olor y cualquier cosa sospechosa.
En cuanto terminó, ella asintió y se fue directo al tocador.
Joaquín se quedó viendo hasta que su figura desapareció al fondo del pasillo. En ese instante, su mirada se volvió helada.
Volteó hacia el salón, donde todo seguía en su punto.
Entró como si nada, se tocó el receptor junto a la oreja y ordenó, con voz fría:
—Vigilen a todos. Si ven a alguien sospechoso, llévenselo sin hacer escándalo.
-
Álvaro caminó por la orilla del salón hasta llegar junto a Pamela, que estaba hecha bolita en el piso, llorando sin parar.
Pamela seguía de rodillas: le dolían las piernas, pero más le dolía el pecho. La humillación la tenía destrozada.
Y el coraje, junto con el resentimiento, ya la estaban rebasando.
Cuando vio a Álvaro frente a ella, las lágrimas se le desbordaron…

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