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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 418

Era una puerta de la familia Carrasco. No podía ser chafa.

¿Qué clase de fuerza se necesitaba para tumbar una puerta bien puesta de una patada?

A Alejandro lo invadió un miedo sin fondo. La forma en que miraba a Kiara era puro espanto.

No podía dejar que Kiara se llevara a Eloísa.

Ahora… Eloísa era su única carta.

Mientras tuviera a Eloísa en sus manos…

Kiara no se atrevería a tocarlo.

Y justo cuando estiró la mano hacia Eloísa…

Los ojos claros de Kiara se endurecieron. Avanzó rápido.

Se movió como un rayo y entró directo.

Tan rápido que…

Antes de que Alejandro alcanzara a tocar a Eloísa, solo escuchó un silbido en el aire.

Y salió volando de una patada, estrellándose contra la pared… y contra un espejo grande colgado ahí.

—¡AAAAH!

El grito le salió del alma.

El dolor lo hizo encogerse; sentía como si se le hubieran quebrado varias costillas.

—¡Crash!

El marco se reventó y los pedazos de vidrio le cayeron encima.

Alejandro chillaba de dolor, pero ni siquiera podía levantarse.

En cuanto se movía, las manos se le llenaban de vidrios.

Carolina quedó en shock.

Del puro terror, ni el grito le salió.

Desesperada, empezó a arrastrarse por el piso hacia la puerta, usando manos y pies, tratando de escapar.

Kiara ni la volteó a ver.

Agarró al vuelo un estuche pesado del tocador y lo aventó con precisión.

El estuche le cayó con fuerza en el dorso de la mano a Carolina.

Carolina soltó un grito y se quedó tirada.

—Déjame ir. Esto… lo olvidamos y ya. Y yo también puedo ayudarte… Puedo hablar bien de ti con Patricio, hacer que Patricio vuelva contigo…

Los dedos de Kiara no se detuvieron.

Marcó un número y luego bajó la mirada, viéndolo desde arriba, con voz helada:

—Patricio Fuentes es la misma basura que tú. Los dos deberían acabar en un basurero.

La llamada conectó.

Del otro lado se escuchó la voz respetuosa de Nicolás:

—¿Señorita Ibarra?

—Nicolás, al camerino. Tráete a seguridad para venir a recoger la basura. —Kiara habló bajito, fría.

El tono de Nicolás se tensó al instante.

—Sí, señorita Ibarra. Voy para allá.

Colgó.

Kiara siguió acariciándole la espalda a Eloísa y dijo con calma:

—No te preocupes. Lo que queda lo va a manejar Don Fernando. Con lo que él sabe hacer… te aseguro que en su vida vuelve a aparecerse frente a ti.

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