Vanesa alzó la vista hacia Lucía.
Al ver la caja en sus manos, se le cambió la cara y estaba a punto de hablar.
—¿Mamá, de verdad? —Pamela se emocionó tanto que casi le brillaban los ojos. Se le iluminó la cara, conmovida—. ¡Gracias, mamá! Justo estaba pensando con qué joyas combinarlo… le di vueltas y vueltas y sentía que nada de lo que tenemos quedaba bien. ¡Tú sí pensaste en todo! ¡De verdad eres la mejor conmigo!
Vanesa estaba por explicarle que esa caja la había traído Kiara, pero Pamela ya se estaba adelantando, dándole órdenes a Lucía, emocionada:
—Lucía, rápido, súbelo junto con el vestido. ¡Al rato me lo pruebo todo!
—¡Sí, claro! —Lucía asintió feliz.
Ya iba a irse cuando Álvaro se levantó, echó la silla hacia atrás y caminó hacia ellas con pasos largos.
Su presencia se les vino encima, pesada, intimidante.
Lucía se estremeció.
—S-señor Álvaro…
Álvaro seguía viéndose educado y sereno, pero detrás de los lentes de armazón dorado, su mirada era helada.
Le quitó la caja de las manos y dijo, con voz fría:
—Eso es un regalo de Joaquín para Kiara. No lo toques.
La sonrisa de Pamela se congeló al instante.
Abrió los ojos, incrédula, y miró a Kiara, que seguía comiendo con toda calma.
¿Un regalo de Joaquín para Kiara?
¿Por qué Joaquín le iba a mandar un regalo a Kiara?
Y esa caja… se veía de lujo, de lo más caro.
¿Joaquín le había dado algo así?
Lucía tenía razón: esa “pueblerina” sí sabía cómo moverse.
Pero su mirada se quedó clavada en la caja que Álvaro sostenía con cuidado.
—Mohamed, lleva el regalo de la señorita a su cuarto —dijo Álvaro, sin alzar la voz.
Mohamed se acercó de inmediato, recibió la caja con ambas manos y la llevó al cuarto de Kiara.
Álvaro se acomodó los lentes con un gesto elegante. Su tono seguía siendo tranquilo, pero daba escalofríos.
—¿Andar agarrando cosas que no son tuyas, esa es tu “educación”? Lucía, ya llevas demasiado tiempo en la casa Ibarra… se te olvidó cuál es tu lugar.
Lucía se puso pálida y bajó la cabeza, temblando.
—P-perdón, señor Álvaro…
—A quien le tienes que pedir perdón no soy yo.
Lucía se quedó rígida. Levantó la cabeza de golpe y miró hacia Kiara…
***

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