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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 347

Pamela siguió, con esa sonrisa suave:

—Mañana es la fiesta de mayoría de edad de Ellie. Si me lo pruebo ahorita y hay algo que no quede bien, todavía alcanza a arreglarse.

Luego, como si se le hubiera ocurrido algo, volteó hacia Kiara y explicó, fingiendo consideración:

—Por cierto, Kiara, ¿todavía no conoces a Ellie, verdad? Ellie es la hermana de Joaquín… la princesita de la familia Carrasco.

—Y como mi nombre suena parecido al de Ellie, nos llevamos súper bien. A ella le caigo increíble. Mañana, en su fiesta, te las presento.

Hasta ahí, sonaba normal.

Pero Pamela se notaba ansiosa por ir más lejos y, al llegar a ese punto, se acomodó el pelo junto a la oreja, como con pena.

—De hecho… desde chiquita, Ellie siempre se me pegaba. Y decía que quería que yo fuera su futura cuñada. Kiara, si mañana llega a decir alguna tontería, no se lo tomes a mal. Es una niña, no entiende…

Su voz era dulce, pero entre más la escuchabas, más raro sonaba todo.

Vanesa también lo notó. Frunció un poco el ceño y la interrumpió:

—Pamela, primero cena. Lo del vestido lo vemos después. Si te pones a probártelo ahorita, la comida se va a enfriar.

Mientras hablaba, tomó la mano de Kiara y le sonrió con ternura.

—¿No fue Regino quien te invitó personalmente a la fiesta de Ellie? Yo también le encargué al maestro Duarte un vestido para ti. Ya que terminemos de cenar, te lo pruebas junto con Pamela.

A Pamela casi se le borró la sonrisa.

¿Su mamá también le había encargado a Kiara un vestido con el maestro Duarte?

¡Y ella ni enterada!

¡Su mamá ni siquiera se lo dijo!

Entonces, ¿lo de hace rato… qué? ¿De qué sirvió presumir?

Solo entonces se sentó, de mala gana, en un lugar libre de la mesa.

Pero era el asiento más alejado del abuelo y de su mamá.

Porque todos estaban alrededor de Kiara.

En ese momento, cuando Lucía se disponía a subir con el maniquí, su mirada cayó en una caja de regalo sobre un sillón: un empaque elegante, sin logotipo, pero de esos que se notan carísimos.

Era el tipo de caja de una marca de lujo, de las de encargo.

Se le encendió la ambición de inmediato. Fue por ella y la levantó, exagerando la voz:

—¡Ay, señora! ¡Qué detallista es usted! Sabiendo que la señorita Pamela mandó hacer un vestido nuevo, hasta le preparó joyería para combinar. ¿Se lo subo todo junto al cuarto de la señorita Pamela?

***

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