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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 344

Kiara se quedó quieta un segundo antes de contestar:

—Sí.

La sonrisa de Joaquín se ensanchó.

Estaba por acercarse más, listo para “hacerse el pobrecito” como ella decía, cuando Kiara volvió a hablar con esa voz fría:

—Pero no me gusta.

Se giró y lo miró de frente.

—No me gusta que te pongas en riesgo por mí, Joaquín. Yo no soy una flor de adorno. No necesito que hagas esas tonterías. Puedo protegerme sola.

La sonrisa de Joaquín se apagó un poco.

Le tomó la mano con cuidado, pero firme, y la miró con intensidad.

—Lo sé…

—Kiki, sé que eres muy fuerte… más de lo que imaginaba. Pero en ese momento no pude pensar. Solo sabía una cosa: que no podía dejar que te pasara nada.

Le apretó la mano. La palma le ardía, igual que la mirada.

—Kiki, ya no estás sola. Tienes a tu familia… y me tienes a mí. No tienes por qué cargar con todo como antes.

—Puedes intentar… apoyarte en mí.

La mirada de Joaquín era demasiado intensa.

Tanto, que a Kiara le quemó el pecho.

Una sensación desconocida, cosquillosa, le subió desde la muñeca —donde él la sostenía— hasta el corazón.

Kiara apretó los labios. En su mente pasó la imagen de ese instante crítico: Joaquín lanzándose para cubrirla por completo.

Y ahora, él la miraba como si solo existiera ella.

Los dedos de Kiara temblaron un poco.

Al final, solo retiró la mano y desvió la mirada.

—Estás herido. Ya es tarde. Descansa. Desvelarte no te ayuda a sanar.

Dicho eso, tomó el botiquín y se fue a su cuarto.

Joaquín vio cómo desaparecía en el descanso de la escalera. Se quedó rozándose los dedos, donde todavía quedaba el calor de ella.

Ya era justo el día anterior a la fiesta de mayoría de edad de Eloísa.

Kiara ya había sacado la última pieza clave de información y Defensa arrancó oficialmente con el operativo internacional contra ambas organizaciones.

En la casa, su familia le mandaba mensajes a cada rato, preguntando cómo estaba.

Ya era hora de salir de la mansión de Joaquín y volver con la familia Ibarra.

Temprano, Kiara guardó sus cosas y bajó para despedirse de Joaquín.

Pero el hombre que normalmente ya la esperaba en la sala, listo para coquetearle, no estaba por ningún lado.

Gloria se apresuró a explicarle:

—Señorita Ibarra, el joven amo acaba de recibir una llamada… creo que fue del señor Fernando Carrasco. Lo andaba apurando para que regresara a llevarle algo a la señorita Eloísa. Mañana es su fiesta de mayoría de edad y el joven amo ya se fue para allá.

Kiara bajó un poco las pestañas.

Él… no estaba.

***

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