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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 683

Cristina estuvo a punto de desmayarse del coraje.

Pero luego recapacitó. César seguía en sus manos, y esa era su última carta, su única ficha para darle la vuelta a la situación.

Mientras César no regresara, la familia Yáñez seguiría teniendo un punto débil.

Cristina bajó lentamente la mirada, ocultando la locura en sus ojos, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa fría y retorcida.

Ya que todos la estaban acorralando, ella se encargaría de destruir la paz de los demás.

¿Vania quería vivir tranquila, asegurar su posición gracias a su hijo y ser la protegida de Hugo?

Que siguiera soñando.

Lo que ella no podía tener, Vania tampoco lo disfrutaría. Si ella vivía un infierno, se aseguraría de que nadie más tuviera una buena vida.

Cristina bajó la cabeza y, con fingida dulzura, le acomodó las mantas a Xavier, que dormía en la cama. Sus movimientos eran suaves, pero en sus ojos no había ni una pizca de calidez, solo crueldad.

—Olvídalo, ya está hecho. Quizás sea mejor que lo sepan.

Ya no le importaba.

De hecho, ahora podía chantajear a Sonia Salazar abiertamente.

¿Acaso solo le enviaba dinero a Xavier?

César era su hijo biológico.

Ya sabía exactamente qué hacer.

—Mamá, descansa. Nos mantenemos en contacto.

...

En el último piso del edificio del Grupo Nexo.

El ascensor subía lentamente. En el espacio cerrado, Vania y Hugo ocupaban lados opuestos, ignorándose por completo.

Vania lo miró de reojo, con una expresión cargada de ironía.

—Señor Yáñez, ¿no estaba tan seguro de que yo lo había drogado para meterme en su cama? ¿Por qué ya no lo cree? Su suegra acaba de decir que yo le robé el marido a su hija. ¿Por qué de repente cambió de opinión?

Había cargado con esa culpa durante seis años.

Recordaba cómo el escándalo de que se había metido en su cama estuvo en las noticias por más de quince días, hasta el punto de acorralar a Hugo para que se casara con ella.

Hugo le lanzó una mirada indiferente.

*Qué rencorosa. Ha pasado tanto tiempo y aún lo recuerda con lujo de detalles.*

Él ya lo había olvidado casi todo.

—Sobre eso, deberías saberlo mejor que yo. Fuiste tú quien se metió en la cama, no yo.

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