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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 700

Hugo se quedó en silencio por un segundo antes de intentar otra táctica.

—Cambiemos de tema. Hay unos datos sobre la base que necesito que verifiques —dijo, usando su tono más profesional.

A Vania le dio pereza siquiera responder a una excusa tan patética.

—Si quieres hablar de trabajo, hazme el favor de ir a la oficina.

Sin una pizca de piedad, Vania le cerró la puerta en la cara.

Si Hugo no hubiera retrocedido con reflejos de felino, la madera le habría roto el tabique.

En ese momento, Yara se acercó, miró a Hugo y le habló con un tono neutro:

—Señor Yáñez, la señorita Zapata no tiene ninguna intención de verlo. Será mejor que vuelva en unos días...

Pero él fue demasiado rápido. Antes de que Yara pudiera reaccionar, Hugo ya se había colado en la habitación.

Adentro, Vania estaba amamantando al pequeño Davis. No tuvo tiempo de cubrirse cuando Hugo irrumpió sin previo aviso. Él tampoco se esperaba encontrarse de golpe con una escena tan íntima y deslumbrante.

Vania se enfureció tanto que el rubor le subió desde el cuello hasta la punta de las orejas.

—¡Lárgate!... Mmh...

Temiendo que terminaran a golpes, Yara entró corriendo tras él. Pero Hugo fue más rápido: jaló a Vania hacia su pecho y le selló los labios con un beso posesivo. Con agilidad, tomó al bebé que ella sostenía, se giró y se lo entregó a Yara. Antes de que la escolta pudiera procesar lo que estaba pasando, Hugo la empujó hacia el pasillo.

La puerta se cerró de un portazo. Con un movimiento brusco, Vania sintió que el mundo daba vueltas hasta que su espalda golpeó el colchón, quedando atrapada bajo el peso de Hugo. El deseo que ardía en los ojos de él amenazaba con devorarla por completo.

—Eres un... imbécil... —jadeó ella, forcejeando—. Estamos en la Casona Leal.

*¿Acaso este hombre no tenía vergüenza?*

Toda la familia estaba cerca, y él solo podía pensar en satisfacer sus sucias intenciones.

Hugo clavó la mirada en sus labios provocativos. Desde que ella se había ido con el niño, el tiempo sin tocarla se había alargado lo suficiente como para volver loco a cualquier hombre por la pura abstinencia.

Y para colmo, ella ejercía una tentación letal sobre él.

Hugo la miró apretando la mandíbula, con unas ganas inmensas de tragarla viva.

—Dime qué quieres. El título de señora Yáñez, una boda por todo lo alto, toda mi fortuna... Pídelo. Todo es tuyo, si tan solo aceptas perdonarme.

Vania tiró de una manta ligera para cubrirse y, sin pensarlo dos veces, le cruzó la cara de una bofetada. Rechazaba su toque con un asco evidente, como si él fuera algo sucio y repulsivo.

—Quiero mi libertad, quiero paz y quiero que desaparezcas para siempre. Hugo, para mí no eres más que un tumor tóxico que mi cuerpo rechaza. ¿Lo entiendes? Mi hijo no te necesita, y yo mucho menos. Mi mayor deseo es que dejes de fastidiarme la vida.

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