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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 360

—¡A ver si se fija! ¿En qué momento estaba coqueteando con este infeliz? ¿Acaso sabe quién soy? ¡Soy la señora Yáñez! —gritó Cristina, perdiendo por completo la compostura.

Pero la mujer no se detuvo ahí. Gloria, la esposa de Rodolfo, se abalanzó sobre ella y le dio otra bofetada antes de agarrarla del vestido. De un tirón, rasgó la tela, dejándole un hombro y gran parte del escote al descubierto. Bajo las luces de cristal, la escena era un espectáculo humillante.

Rodolfo intentaba separarlas mientras, descaradamente, seguía echándole vistazos al cuerpo de Cristina.

Gloria, al darse cuenta, se volteó y le cruzó la cara a su esposo de una bofetada.

—¡Ah, claro! ¡Como yo no soy una jovencita regalada! ¿Te gusta ver? ¡Pues la voy a desnudar aquí mismo para que todos la vean, por perra!

Cristina estaba pálida como un fantasma. Todo el salón observaba; algunos murmuraban sorprendidos, otros reían por lo bajo.

Todos sabían quién era ella. Era la intocable señora Yáñez.

Al ver el alboroto, Hugo frenó en seco, dejó su copa y corrió hacia ellas. Le agarró la mano a Gloria justo cuando iba a darle otro golpe a Cristina, mientras los de seguridad por fin intervenían.

Cristina se levantó a duras penas, temblando de humillación. Hugo se quitó el saco y se lo puso sobre los hombros para cubrirla.

Los guardias sujetaron a Gloria. Rodolfo, al ver de frente a Hugo Yáñez, se puso a sudar frío. Jamás se imaginó que aquella sobrina que le presentaron era la mujer del mismísimo magnate de Corporativo Alba.

Gloria, que seguía gritando maldiciones, se quedó muda cuando le dijeron a quién acababa de agredir. Las piernas le temblaron y quiso acercarse a pedir disculpas.

Hugo le lanzó una mirada tan letal que la dejó clavada en el suelo. Sin decir una palabra, abrazó a Cristina y se la llevó de inmediato.

Vania notó el alboroto a lo lejos. Justo cuando iba a acercarse a ver qué pasaba, la señora Leal apareció de la nada, la tomó del brazo y le dijo a Yago:

—Hijo, vinieron varias de mis amigas y quiero presumirles a Vania. Me la llevo un rato.

Yago suspiró, sabiendo que no podía contradecir a su madre.

La señora Leal miró de reojo a Hugo y a Cristina huyendo del lugar. No quería que su adorada Vania tuviera que ensuciarse la vista con esa gentuza.

Vania se dejó guiar por la señora Leal, le sonrió a Yago de forma compasiva y se alejó con ella.

Si Vania había intentado quitarse la vida, era obvio que Hugo y Cristina lo sabían. Quien conservaba esas fotos solo podía ser alguien cercano que quisiera destruirla. Sin lugar a dudas, Cristina era la remitente.

Una lástima que Hugo interviniera tan rápido, pensó la señora Leal. Esa mujer se había salvado por los pelos.

La señora Leal suspiró para sus adentros. La gente siempre creía lo que quería creer, y con el poder que tenían Hugo y Cristina en ese momento, nadie le creería a Vania si ella hablara.

—Vania... —empezó la señora Leal con tono maternal—. ¿Alguna vez has pensado en divorciarte? Hay personas que simplemente no merecen tu amor.

Vania se sorprendió de que la señora Leal sacara ese tema.

Respondió con absoluta sinceridad:

—Lo he pensado. Pero Hugo se niega a creer que hablo en serio sobre el divorcio.

—...

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