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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 352

—Mamá, lo de Luciano ya fue un dolor de cabeza enorme. Lo de mi papá tendrá que esperar —suspiró Cristina—. Va a tener que quedarse encerrado un par de años, es inevitable. Cuando la gente empiece a olvidar el escándalo, le pediré a Hugo que busque una solución.

Elena dejó escapar un largo suspiro. Cada día que Santiago Figueroa no estaba en casa, era un tormento para ella.

—Está bien, con que lo de Luciano esté resuelto, me doy por bien servida.

Elena se puso de pie, lanzándole una mirada de puro desprecio a Vania en la pantalla.

¿La familia Leal?

—Bah... —resopló, apagando el televisor. Se dio la vuelta para ir a dormir tranquila, pero se detuvo tras dar un par de pasos—. ¿Y qué hay de su puesto en Corporativo Alba?

Cristina bebió el resto de su agua, dejó el vaso sobre la mesa de centro y respondió con absoluta certeza.

—Eso no es ningún problema. Corporativo Alba es de mi niño, por lo tanto, también es mío. En el futuro todo será de Xavier. ¿Qué tienen que ver los demás miembros de la familia Yáñez en esto?

Elena sonrió, satisfecha. Si Vania fuera tan considerada y capaz como Cristina, no tendría que preocuparse por nada.

Al día siguiente, en las oficinas de Grupo Nexo.

Vania y Yago se reunieron para discutir el progreso de la segunda fase de su colaboración.

Yago llegó con malas noticias.

—No pudimos hacerle nada a Luciano Figueroa.

Vania levantó la mirada, sin mostrar asombro.

—¿Obra de Hugo Yáñez?

Yago guardó silencio unos segundos, asintiendo levemente.

—¿Cómo lo hizo? —Vania tenía curiosidad por saber cómo Hugo lograba salvar a los Figueroa una y otra vez.

Pasó media hora. Ni Hugo ni Cristina aparecían. En su lugar, llegó Luciano para atenderlos.

Se dejó caer en la silla y, con todo el descaro del mundo, subió los pies al escritorio, esbozando una sonrisa arrogante.

—Señor Leal, Directora Zapata.

A Yago se le agotó la paciencia al instante. La actitud del sujeto era insoportable.

—¿No hay nadie más competente en esta empresa? —soltó Yago, clavándole una mirada gélida.

Luciano se tensó, sintiendo que la sangre le hervía. Pero sabiéndose respaldado por Hugo, no le importó faltarle al respeto a Yago. Siempre decían que la familia Leal era intocable, pero frente a su cuñado, no parecían gran cosa.

Luciano recuperó su pose altanera.

—Señor Leal, mi hermana y mi cuñado fueron a Plaza Diamante. A ella se le antojó un bolso de diseñador que vio en una revista... algo sencillo, de un par de millones. Estaba encantada, así que mi cuñado se la llevó a comprárselo de inmediato. Ya sabe cómo son las mujeres cuando van de compras, tardan una eternidad. Así que, o hablan conmigo, o les tocará esperar sentados. Por cierto, a mi hermana y a mi cuñado no les hizo ninguna gracia lo que pasó la última vez. Aprovechando que está aquí, me encantaría saber: ¿cómo planean enviarme a un tribunal militar ahora? ¿Eh?

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