Para llamar la atención de Elián, Violeta volvió a hablar.
—Andy, ya casi empieza la última clase del día. Sube, por favor.
Andy asintió.
—Listo, profe Ávila, ya voy.
Mientras respondía, Andy empezó a subir las escaleras. Los ojos de Elián lo siguieron, atentos, mientras ascendía.
Violeta, ocultando sus verdaderos sentimientos, le regaló a Elián una sonrisa perfectamente calculada y enseguida tomó la mano de Andy para guiarlo hacia el estudio.
La mirada de Elián ni siquiera se detuvo en Violeta.
Irmina notó el cambio en Violeta y frunció el ceño, sin poder evitar mirar de reojo a Elián.
Pero Elián ya había desviado la vista.
Irmina, al ver su expresión tranquila y serena, alzó ligeramente una ceja.
Elián percibió que la miraba con una emoción rara, que no terminaba de entender, y le preguntó:
—¿Pasa algo?
Irmina negó con la cabeza.
—Nada.
Quizás solo era una idea suya.
Después de todo, los rumores sobre ella y Elián circulaban por todas las redes, pero Violeta siempre se había comportado de manera correcta desde que empezó a trabajar en la casa, así que dudaba de que tuviera algún interés especial por Elián.
—Te ayudo a subir para que descanses —dijo Irmina con voz calmada.
Elián asintió en silencio.
Apenas Irmina dejó a Elián acostado en la habitación, el celular de ella empezó a sonar.
Sacó el teléfono, vio que era una llamada de un número desconocido del país Cintago y no pudo evitar sentir extrañeza.
Contestó de inmediato y se llevó el celular al oído.
—Hola, soy...

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