Andy siempre se había llevado bien con ella. Era aplicado y respetuoso cuando estudiaban juntos.
Violeta mantenía en el rostro una sonrisa amable.
—No es ningún esfuerzo, esto es lo que debo hacer —respondió con cortesía.
Andy se sentó en su lugar y, en ese momento, Irmina entendió que era mejor retirarse del estudio.
Al poco rato, Violeta también salió del estudio y, sonriendo, le habló a Irmina.
—Hoy Andy tiene una evaluación autónoma. Si me quedo adentro, puedo ponerlo más nervioso, así que mejor dejo que esté solo.
Irmina asintió, comprendiendo el punto de Violeta.
—Entonces, profe Ávila, siéntase en casa. Puede dar una vuelta por el jardín si le provoca.
Violeta sonrió, discreta.
—Gracias, muy amable.
Irmina miró de reojo a Andy, que seguía concentrado resolviendo sus ejercicios, y luego fue hacia el cuarto de Elián.
—Tengo que ir al hospital. ¿Por qué no te levantas y me acompañas? Así aprovechas para hacerte un chequeo.
Elián negó con la cabeza.
—Ya me revisaron cuando regresé, y el doctor te mandó los resultados, ¿no? Estoy bien, no hay que preocuparse.
Irmina frunció el ceño.
—Pero cuando cargaste a Andy, te tocaste la herida.
Elián le sonrió con calma.
—Solo fue un tirón, nada grave. El médico familiar vino a revisarme y todo está bien, no te preocupes por mí.
—Sé que tienes mucho encima ahora. Anda, ve a resolver tus cosas.
Viendo que Elián no tenía intención de moverse, Irmina no insistió. Le dio unas recomendaciones y salió.
Mientras tanto, Violeta le había puesto a Andy un tiempo límite para terminar la prueba.
El estudio del segundo piso no tenía baño, así que Violeta bajó al primer piso para ir al sanitario.
Cuando terminó y subía las escaleras de nuevo, se encontró de frente con Elián, que bajaba en ese momento.

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