Violeta negó con la cabeza, y en su rostro apareció una expresión un poco incómoda. Habló en voz baja.
—No pasa nada.
—Creo que solo tengo calor.
Mientras hablaba, Violeta le regaló a Andy una sonrisa suave y llena de ternura.
—Gracias, Andy, por preocuparte.
Andy le devolvió la sonrisa.
—Profe Ávila, no tiene que agradecerme, pero si de verdad no se siente bien, de verdad avíseme, ¿sí? El médico de mi tío siempre está por aquí, puede revisarla en cualquier momento.
Al escuchar eso, los ojos de Violeta se iluminaron con una emoción difícil de descifrar.
Ella, mientras revisaba los exámenes, preguntó con cautela:
—El señor que estaba abajo hace un rato, ¿es tu tío, verdad?
Andy asintió.
—Sí, es él.
Justo cuando iba a seguir hablando, recordó de pronto que Elián no se sentía bien. Irmina le había pedido que se asegurara de que descansara en la cama.
—¿Mi tío ya se levantó? Voy a ver cómo está.
Violeta asintió también y lo miró mientras se iba.
Al ver la prisa con la que Andy bajaba, Violeta dudó un instante, pero terminó levantándose y siguiéndolo.
Al llegar al primer piso, Andy encontró a Elián sentado en el sofá, leyendo.
Corrió hacia él y se detuvo a su lado.
—Tío, ¿por qué te levantaste? Mi mami dijo que tenías que quedarte en la cama, descansando.
Andy había visto antes cómo el médico le curaba la herida a Elián, y la sangre que tuvo que limpiar. Sabía que la herida era grave, así que bajó rápido para convencerlo de que volviera a descansar.
Elián vio la cara seria de Andy, y no pudo evitar sonreír con dulzura. Dejó el libro a un lado y le apretó suavemente la mejilla.
—Ya estuve mucho rato acostado, si sigo así me voy a aburrir. Solo bajé un momento a sentarme, tu mami lo va a entender.
Andy ladeó la cabeza, mirando el lugar de la herida.
—¿Todavía te duele?
Elián negó con la cabeza.

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