Él quería regresar para ver con sus propios ojos el resultado de su trabajo.
Al pasar por el lugar del accidente, echó una mirada de reojo y alcanzó a ver, sobre la camilla de los paramédicos, a una persona con el cuerpo tan quemado que era irreconocible. Una chispa de satisfacción brilló en su mirada y pisó el acelerador, alejándose rápidamente.
Su tarea ya estaba hecha, el dinero había llegado a su cuenta, y ahora podía irse al extranjero a vivir la buena vida.
Lo que él ni imaginaba era que, en ese momento, todos sus movimientos ya estaban bajo el control de Irmina.
Los hombres de Irmina le habían instalado un rastreador debajo de la moto.
Toda su información personal ya estaba en manos de Irmina.
Apenas escuchó el alboroto que venía desde abajo, Irmina empezó a devolverse.
La persona que estaba en la montaña ya había sido detenida por el equipo de seguridad.
No tardó mucho para que se empezara a correr la noticia del accidente de Irmina.
La gente que antes la insultaba en redes sociales se quedó callada y, como siempre pasa, encontraron un nuevo tema del que hablar y cambiaron de bando sin dudarlo.
Algunos, más sensatos, no tardaron en comentar que pertenecer a una familia tan poderosa era demasiado peligroso, que bastaba un descuido para perder la vida.
Las noticias en internet no paraban de circular, todos daban por hecho que a Irmina le había pasado algo grave.
Ese día, todo el personal que llegó al lugar era de la capital, así que la información se bloqueó enseguida y nadie más supo exactamente cómo estaba Irmina.
Esa noche, el teléfono de Irmina casi explota de tanto sonar, incluso había llamadas de números desconocidos.
Irmina le entregó el celular a uno de los de seguridad, para que atendiera algunas llamadas de vez en cuando.
Así le hacía creer a la gente que ella estaba en cuidados intensivos, luchando por su vida.
Al día siguiente, cuando Elián vio las noticias, armó un escándalo porque quería regresar a Nebula de inmediato.
No fue sino hasta que Irmina le llamó para decirle que estaba bien, que Elián pudo respirar tranquilo.
—¿Por qué no me contaste nada sobre algo tan importante? —reclamó Elián, todavía con el corazón latiéndole a mil.

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