Elián pensó en devolverle la llamada a Irmina, pero temía que hacerlo pudiera causarle problemas, así que se contuvo.
Acostado en la cama del hospital, entre más lo pensaba, más rabia sentía; su ánimo estaba por el piso.
Clarisa Azul llegó a visitarlo y lo encontró tirado en la cama, con una nube negra en la cara.
—¿Y esa carita hoy? ¿Qué te pasó?
Clarisa ya estaba enterada de lo que había pasado con Irmina y solo se tranquilizó cuando supo que ella estaba bien.
Aun así, después de tantos accidentes últimamente, seguía preocupada por Irmina.
Lionel Azul había estado muy ocupado y no podía ir a Nebula, así que Clarisa aprovechó para conseguir el permiso de ir ella misma junto con Rufo Azul.
De paso, hacía rato no veía a Andy y también quería aprovechar la oportunidad para visitarlo.
Elián la miró, como si Clarisa hubiera ido solo para burlarse de él, y desvió la mirada con desdén.
Clarisa y él siempre habían chocado, y últimamente, usando como excusa que Irmina no podía visitarlo, ella iba seguido solo para lanzarle indirectas y comentarios sarcásticos.
Cada vez que esa mujer llegaba, seguro venía con alguna intención oculta, y esta vez no era la excepción.
Las heridas de Elián todavía no sanaban del todo y, sumado a su mal ánimo, tenía la cara pálida.
Al verlo así, Clarisa se contuvo de seguir molestándolo.
Después de todo, ya lo había regañado suficiente por la forma en que había tratado a Irmina.
—Todo el mundo en redes cree que a Irmina le pasó algo grave. Si nadie de la familia Azul va a Nebula, no nos lo van a perdonar. Así que voy a acompañar a mi tío para allá —le dijo, seria—. ¿Tienes algo que quieras que le diga a Irmina? Estos días Irmina anda a mil, seguro no tiene tiempo de llamarte.
Elián notó el tonito presumido de Clarisa y apretó los dientes por dentro.
—Hace un rato ella misma me llamó.
Clarisa se rio por lo bajo.
—Seguro la llamada no duró nada.

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