Bonifacio no podía creer la respuesta de Gustavo, y su rostro mostró una mezcla de sorpresa e incredulidad.
"¿Gustavo, te has vuelto loco?"
"Llevar los problemas familiares a los juzgados, ¿quieres que todo el pueblo se burle de la familia Fuentes?"
"Deberías convencer a tu nuera o sacar a Samuel de ahí. Con tus conexiones, traer a alguien de vuelta es cuestión de una palabra."
El rostro de Bonifacio se tornó ansioso.
Gustavo, en cambio, se veía más tranquilo, respiró hondo y dijo en voz baja:
"Ya estoy viejo, y no puedo decidir sobre los asuntos de los jóvenes. Si Samuel ha llevado las cosas a este extremo, es su merecido."
"Elián ha sido bastante paciente con él. Si no hubieran lastimado a Melitina, su relación padre e hijo no estaría así."
Bonifacio frunció el ceño, con una expresión severa. Aún quería persuadir a Gustavo cuando Patricio salió de la casa con un café.
Las palabras de Bonifacio quedaron atrapadas en su garganta.
Patricio dejó el café frente a ellos, y al ver la expresión de Gustavo, se puso nervioso.
Bonifacio tomó un sorbo de café, dudando si debía decir todo, pero Gustavo habló primero con firmeza.
"Gustavo, me siento algo indispuesto, quiero descansar. Tómate el café y vuelve otro día, te recibiré con más calma."
Al oírlo, la expresión de Bonifacio cambió, y rápidamente dijo:
"Gustavo, tú..."
Patricio no esperó a que Bonifacio terminara, y rápidamente se situó detrás de Gustavo para empujar su silla de ruedas.
"Señor, lo llevaré a su habitación."
Gustavo asintió.
Bonifacio se quedó en su asiento, observando cómo Gustavo se alejaba. Finalmente, mordió sus labios y decidió hablar.
"Gustavo, todos te están engañando. Elián ha tenido problemas, no puedes poner toda tu esperanza en él. Samuel es tu hijo, Emilio también es tu nieto, si no ayudas a Samuel, ni a Emilio, la familia Fuentes se quedará sin nadie."

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