Gustavo siempre había tenido una salud delicada, y no sabía si podría soportar semejante estrés.
Bonifacio miró a Patricio alejarse, con una expresión de burla en el rostro, y luego se volvió hacia Gustavo.
"Últimamente no has estado bien de salud, ¿cómo es que Elián no ha venido a acompañarte? Ahora que lo pienso, hace mucho tiempo que no lo veo."
Gustavo sonrió con serenidad y respondió tranquilamente.
"Los jóvenes tienen sus propios asuntos que atender. Mientras esté ocupado con cosas importantes, no hay problema."
Bonifacio suspiró y dijo.
"Viejo amigo, en realidad hoy no solo vine a verte, también vengo por el asunto de Samuel."
Al escuchar el nombre de Samuel, la sonrisa de Gustavo se desvaneció y su expresión se tornó seria.
Con el rostro serio, preguntó en voz baja.
"¿Qué sucede?"
Bonifacio suspiró y dijo.
"Antes de contarte, tienes que prometer que no te vas a enojar."
Gustavo frunció el ceño, su expresión se volvió aún más grave.
Bonifacio continuó, "Si te enojas y te enfermas, luego Elián podría culparme."
Gustavo, al recordar el comportamiento extraño de Patricio últimamente y al escuchar las palabras de Bonifacio, comenzó a sospechar.
"Habla, prometo no enojarme."
Bonifacio asintió, escogiendo cuidadosamente sus palabras para no provocar demasiado a Gustavo, pero también para conseguir que lo ayudara a sacar a Samuel del problema.
"Tu bisnieto, Andy, le cae muy bien a Samuel, y quiere llevárselo con él."

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!