En cuanto soltó eso, todos se dieron cuenta de que algo andaba muy mal.
El rostro de Alejandro, que segundos antes hervía de coraje, se puso pálido como el papel.
Valentina lo miró incrédula; tenía ganas de arrancarle los ojos ahí mismo. —¡Alejandro! ¿No tienes madre? ¡Es tu hija! ¡Es solo una niña! ¿Cómo te atreviste a hacerle algo así?
Alejandro, tragándose la vergüenza de haber sido descubierto, intentó justificarse: —¡Todo esto es por tu culpa! Si no me hubieras prohibido ver a Carmen, no habría tenido que recurrir a medidas tan drásticas.
—¡Ya basta!
Si seguían dándole vueltas al asunto, a los Torres no les iba a quedar ni un gramo de dignidad.
Mateo cerró los ojos, soltó un largo suspiro para calmarse y miró a Carmen con frialdad. —Carmen, piénsalo bien. ¿De verdad no vas a regresar a casa con tu abuelo y tu papá?
Carmen negó con la cabeza. —Ya lo pensé bien, abuelo. Si de verdad solo tengo una oportunidad para cambiar las cosas, me voy a quedar con los que me quieren de verdad.
Yolanda se sorprendió un poco. Miró de reojo a Carmen y una pequeña sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios.
«Nada mal, chiquita», pensó.
—¡Bien, muy bien! —Mateo asintió. Su mirada se volvió gélida. Volteó hacia Andrés y sentenció—: Nos retiramos.
Alejandro le lanzó una mirada llena de odio a Valentina y siguió a Mateo. Justo cuando estaban a punto de cruzar el umbral, una sombra apareció de la nada y les cerró el paso.
Era un hombre enorme, de cejas ralas y ojos saltones. Llevaba tatuada la mitad de la cara con la figura de un demonio. Parecía el mismísimo diablo encarnado, el típico matón del bajo mundo.
Mateo se detuvo en seco. Apretó los puños, haciendo rechinar el rosario de cuentas que llevaba en la mano.
Se sostuvieron la mirada durante medio minuto entero. De pronto, Mateo soltó una carcajada burlona, levantó la barbilla e intentó seguir caminando.
Esas tácticas baratas de los Castillo no iban a funcionar con él. Mateo no había llegado a ser quien era a base de asustarse con cualquier matón. ¡Por favor! No creía que Andrés se atreviera a hacerle algo en serio.

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