Entrar Via

ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 81

Carmen dio tal respingo que casi se le sale el corazón; hasta se le olvidó llorar.

—¡Qué demonios! —exclamó Alejandro, a punto de darle un infarto.

Andrés también se llevó un buen susto. Al ver la tortuga de peluche rosa junto a la niña, soltó un suspiro de alivio. —¿Yolanda?

Yolanda levantó la mirada. Su carita preciosa estaba a punto de romper en llanto.

Andrés se acercó de inmediato y se agachó para revisarla. —¿Qué haces escondida en el clóset, mi niña? Te vas a asfixiar ahí dentro.

Al ver que solo era una chiquilla, la palidez en el rostro de Mateo desapareció de golpe. Justo cuando iba a seguir hablando, algo se le cruzó por la mente y se puso tenso. ¿Acaso habían dicho algo indebido hace un momento?

Mateo repasó mentalmente la conversación. Tras asegurarse de no haber soltado la lengua de más, suspiró aliviado en silencio. Menos mal que había sido precavido, o se habrían hundido en su propia trampa.

Justo cuando se felicitaba a sí mismo, Yolanda se aferró a la mano de Andrés como si fuera su salvavidas. —Abuelo, no sé nada, te lo juro... no escuché nada...

Mateo sintió un tic en el ojo. Clavó una mirada penetrante en Yolanda; de pronto, tuvo un muy mal presentimiento.

Víctor alzó una ceja. Observó a Mateo por un segundo y una sonrisa de pura intriga se asomó en sus labios.

Andrés frunció el ceño, confundido, y volteó a ver a Mateo.

Mateo se encendió de puro coraje. —¿Por qué me mira así, señor Castillo? Yo tengo la consciencia tranquila y no me asusta que los Castillo intenten embarrarme. A ver, muchachita, dinos de una vez, ¿qué fue lo que escuchaste ahí metida?

Andrés le acarició la cabeza a Yolanda. —No te asustes, el abuelo está aquí.

Alejandro captó la indirecta de inmediato. Con razón les tenían el té servido desde antes; resulta que los Castillo les habían tendido una trampa. Menos mal que había sido prudente y no soltó la sopa.

Alejandro, sintiéndose intocable, señaló a Yolanda. —¡Eso, habla! Dinos, ¿qué estabas escuchando en el clóset?

Yolanda encogió los hombros con timidez, pero su voz, aunque bajita, sonó clarísima. —Abuelo, escuché que estos dos decían que, a como diera lugar, tenían que engañar a Carmen para llevársela. Que una vez que volviera con los Torres, iban a hacer con ella lo que se les diera la gana.

Carmen se quedó de piedra y levantó la vista de golpe hacia Mateo.

—¡Puras mentiras! —bramó Mateo, rojo de la furia, apuntando a Yolanda—. ¿Quién te mandó? ¡Cómo te atreves a inventar semejante barbaridad!

Yolanda dio un respingo y se escondió detrás de Andrés, haciéndose la asustada, pero la boca no le paraba.

—Abuelo, no estoy echando mentiras. También dijeron que iban a usar a Carmen para engañar a mi tía Valentina y llevársela, y que luego buscarían la forma de arruinarle la vida y, de paso, manchar el nombre de los Castillo.

—¡Qué descaro! —La mirada de Mateo se volvió sombría. Las palmas de las manos le sudaban a mares, pero para ocultar su culpa, se hizo el ofendido—. Vaya, vaya... así que los Castillo armaron todo este circo para tendernos una trampa.

Andrés clavó en él una mirada profunda y guardó silencio.

Al ver que el viejo se hacía el desentendido, Yolanda alzó la voz con todas sus fuerzas: —¡Nadie le está tendiendo trampas! ¡Viejo rabo verde, muy machito para planearlo pero cobarde para admitirlo!

Víctor se quedó pasmado. Clavó la mirada en Yolanda, pensando que esa chaparrita tenía muchas agallas.

—¡¿Qué dijiste?! —En toda su vida, a Mateo jamás lo habían insultado en su cara. Ni el propio Andrés se atrevía a tanto. Estaba que echaba humo—. ¡A ver si tienes el valor de repetirlo!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA