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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 839

—El asunto es… —Tamara avanzó con pasos cortos hasta detenerse frente a su escritorio. Escondió las manos detrás de la espalda, se inclinó ligeramente hacia adelante y se esforzó por poner su mejor cara de inocencia y sinceridad.

—Alba dijo que quería invitarme a comer, y pensé que cuanta más gente, mejor. Así que se me ocurrió preguntarte si tenías tiempo libre. ¿Qué tal si vamos los tres? Podría ser como… mmm… ¿una pequeña celebración por lo bien que van nuestros últimos proyectos?

Fue cuidadosa en no mencionar que la idea de invitarlo había sido completamente suya. Usó a Alba como excudo perfecto; así sonaba mucho más casual y orgánico.

La mirada de Gabriel se posó en su rostro durante un par de segundos. Parecía haber descifrado fácilmente las intenciones ocultas de la chica, pues las comisuras de sus labios se elevaron de forma casi imperceptible antes de recuperar su habitual expresión fría y distante.

—Lo siento, ya tengo un compromiso.

—¿Un compromiso? ¿Con quién? ¿Un hombre o una mujer?

Esa última pregunta era, por supuesto, la que realmente le importaba.

Pero él simplemente le soltó un seco:

—Sin comentarios.

—¡Ay, te encanta hacerte el importante! Hmph —Tamara dio un pisotón en el suelo y salió de la oficina, echando humo por las orejas.

Gabriel la vio marcharse. Parecía un gatito erizado de furia. No pudo evitar soltar una leve sonrisa y sacudir la cabeza, entre divertido y resignado.

Apenas salió de la oficina, Tamara se encontró con Alba esperándola en los sillones de afuera. Su amiga estaba deslizando el dedo por la pantalla de su celular con una sonrisa embobada.

A kilómetros de distancia se notaba con quién estaba intercambiando mensajes.

—Alba, ¿en serio necesitas restregármelo en la cara así? ¿Ya te miraste en un espejo? ¿Ya viste esa expresión tuya derramando miel por todos lados?

Uf, el contraste entre su situación y la de su amiga era demasiado deprimente.

—Ejem, ¿es para tanto? —Alba sintió un ligero calor en las mejillas, pero rápidamente desvió el tema—. Y bien, ¿qué pasó? ¿El vicepresidente Ferrer va a venir con nosotras?

—Hmph, el señor ya tiene un compromiso. Y con quién, dice que es "sin comentarios".

De solo recordarlo, la sangre le hervía. Tomó a Alba del brazo y tiró de ella con fuerza.

—¡No le hagamos caso, vamos a disfrutar nosotras solas!

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