—También odio a esa Graciela Jiménez. La vi en una fiesta hace un tiempo, me acerqué a saludarla amablemente y me trató con una indiferencia total.
*Esa maldita actitud, como si se creyera superior a todos.*
Valeria no sentía la más mínima simpatía por su supuesta tía.
Ahora, al escuchar a su madre decir que esa vieja odiosa la menospreciaba, su rencor no hizo más que crecer.
—¡Esa mujer es una interesada! Solo le gusta meter las narices donde no la llaman, ¡con razón está tan vieja y no tiene hijos!
Clara la odiaba aún más y, a menudo, se burlaba de su infertilidad a sus espaldas.
Aunque Graciela había tenido la suerte de encontrar un esposo que la adoraba y una familia política con una mentalidad abierta que no la había echado por no poder concebir.
Pero un matrimonio sin hijos para afianzarlo siempre estaba en la cuerda floja.
Especialmente en las familias adineradas, ¿quién no deseaba tener la casa llena de nietos?
Clara estaba segura de que, por mucha suerte que tuviera Graciela, al final no escaparía al trágico destino de que su esposo tuviera un hijo ilegítimo por fuera y la terminara echando a la calle.
Además, había escuchado que la mujer buscaba médicos en secreto por todas partes y le había rogado a Federico Jiménez y a Silvia Jiménez que le consiguieran todo tipo de remedios naturales para quedar embarazada.
En el fondo, estaba desesperada. Quería tener un hijo a toda costa.
Al escuchar a su madre, los ojos de Valeria brillaron con malicia y la secundó:
—¡Exacto! ¿Se cree la gran cosa solo porque se casó bien? Ni siquiera puede tener un hijo. Ja.
—¡No importa si vive en el extranjero o donde sea, se casó con una de las familias más importantes del país, tarde o temprano la van a despreciar!
Hizo una pausa y, como si recordara algo, su tono se volvió aún más mordaz:
—La última vez escuché a Bárbara Jiménez decir que se fue al extranjero en secreto para hacerse una fecundación in vitro, pero parece que también fracasó.
—¡Gastó tanto dinero y sufrió tanto para que todo fuera en vano! ¡Qué lástima y qué ridículo!


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