—Siento como si lo hubiera conocido en algún momento de mi pasado. O tal vez perdí la memoria y olvidé por completo a este hombre, ¡y ahora el destino nos ha vuelto a unir!
—Cuando estuve en el extranjero, ¿no perdí una parte de mis recuerdos? ¡Quizás justo borré los recuerdos que tenía con un chico!
—¡No! Esto es amnesia selectiva, ¡y definitivamente fue por culpa del amor! ¡Por un hombre!
Cuanto más hablaba, más se emocionaba Tamara, hasta que Alba tuvo que interrumpirla de golpe.
—¡Alto, alto, alto!
—Lo tuyo no es amnesia selectiva. Simplemente te contagiaste durante la pandemia y te dio una fiebre altísima que no bajaba. Ahora estás fresca como una lechuga, no te has olvidado de nadie.
—Además, deja de ver tantas telenovelas ridículas, te estás metiendo tanto en la trama que ya ni distingues la realidad.
Alba la tomó por los brazos y comenzó a sacudirla de un lado a otro.
Deseaba que su amiga despertara de una vez por todas, que viera el mundo real y dejara de comportarse como el personaje de una novela.
Esta chica no tenía muchos pasatiempos intelectuales, pero le sobraban las obsesiones frívolas.
Ver telenovelas y andar enamorándose a primera vista eran de sus favoritas.
Veía dramas modernos, series de época, historias de fantasía; cuando empezaba, podía quedarse la madrugada entera pegada a la pantalla.
A veces, Alba envidiaba esa vida tan despreocupada, de solo relajarse y ver series. ¿Qué le iba a hacer?
Mientras la zarandeaba, Alba suspiraba mentalmente. La lógica de esta chica era única en el mundo.
Para cualquier otra persona, ver series era un simple pasatiempo, pero ella vivía su vida convencida de que era la protagonista de su propio melodrama.
—Ejem... Bueno, perdón, qué descortesía la mía, me dejé llevar —Tamara se rascó la cabeza, un poco avergonzada.
—Por cierto, ¿para qué me buscabas? —preguntó de nuevo.
—Pues para invitarte a comer, ¿para qué más?

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