Decía que le dolía por aquí, le molestaba por allá y que todo el cuerpo le pesaba, pidiéndole que fuera a darle un buen tratamiento para mejorar su salud.
Alba no sabía si reír o llorar.
Era obvio que conocía a la perfección las verdaderas intenciones de Doña Susana.
Pero el estado de Inés Jiménez era mucho más urgente y requería una nueva consulta y ajustes en su tratamiento.
Además, Alba tenía mucha curiosidad por ir a esa casa para ver al misterioso chiquillo que había conocido el otro día.
Pensaba que él podría ser clave para la investigación secreta que estaba llevando a cabo.
Así que, no tuvo más remedio que priorizar la visita a la familia Jiménez.
Justo al salir de casa, vio un vehículo inconfundible: un Rolls-Royce de edición limitada.
Un segundo después, alguien bajó la ventana.
—Sube.
Quien habló fue Liam Góngora.
Alba no se sorprendió en lo absoluto. Ese auto y esa matrícula solo podían pertenecer a un hombre en el mundo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Alba, subiendo obedientemente al auto.
Rara vez rechazaba una invitación de este hombre.
—Pues vine a buscarte para ir juntos a la mansión de la familia Jiménez —respondió él con toda naturalidad.
—¿Y cómo sabías que iba para allá?
No solo sabía a dónde iba, sino que llegó en el momento exacto.
—Es lógico. Acabas de salvar a la señora Inés; es imposible que no te invitaran para agradecerte formalmente.
Liam estaba de un humor excelente. Últimamente sentía que su relación con esta chiquilla estaba avanzando.
Así que tenía que ser aún más proactivo.
—¿Así que planeas presentarte sin invitación? —Alba arqueó una ceja.
—¿Cómo que sin invitación? La familia Jiménez y mi familia tienen una excelente relación; puedo ir a visitarlos cuando quiera. Y, además...
Se detuvo a propósito, la miró con una sonrisa coqueta y añadió:
De vez en cuando había que ser descarado y perseguirla sin descanso para asegurar el éxito.
Liam creía que, si no lo hacía, esta chica que valía oro terminaría en los brazos de algún otro aprovechado.
—Esa es solo la opinión de los demás, no la realidad —lo corrigió Alba.
—Por eso quiero que sea realidad.
—¡Pues aún no lo has logrado!
—Mmm, entonces seguiré fantaseando con ello. ¿Quién sabe? Quizás un día se haga realidad.
Alba: ...
¡Literalmente no sabía cómo debatir con este hombre! Sentía que se había quedado sin argumentos.
Al final, decidió cerrar los ojos para descansar y simplemente lo ignoró.
Los profundos ojos de Liam se entrecerraron en una sonrisa; era evidente la felicidad que albergaba en su pecho.
Ya estaba formulando un plan en su cabeza.

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