—No vayas a actuar por impulso. Si nos descubren, no habrá forma de salvarnos.
Clara exageró la gravedad del asunto, asustando a Valeria al instante.
Luego, añadió: —Y sobre la familia Moreno, no te esfuerces más en agradarles. ¡Yo planeo encontrar el momento perfecto para revelar toda la verdad!
Ese inútil de Eduardo, le había exigido que se divorciara de Sara, pero él solo daba excusas y no actuaba.
Todo era porque temía perder el respaldo de la familia Soto y porque le aterrorizaban los regaños de esa vieja, Beatriz Moreno.
Ya que él era un cobarde, ella misma se encargaría.
Se moría de ganas por ver la expresión en el rostro de esa estúpida de Sara cuando se enterara de todo.
Sería un espectáculo digno de verse. Jaja.
—De acuerdo, haré todo lo que me digas —aceptó Valeria, esta vez sin ninguna objeción.
Antes, le encantaba tener a los hermanos Moreno girando a su alrededor y disfrutar del cariño de Sara, usándola a ella para atacar a su propia hija, Alba.
Jugar con ellos y sentirse la más consentida de la casa era un sentimiento embriagador.
Por eso siempre se había opuesto a que su madre revelara la verdad.
Pero ahora, Valeria sentía que todo había cambiado.
Su hermano mayor, Mateo, la ignoraba por completo.
Y los otros dos parecían ya no ser tan dóciles como antes; presentía que acabarían dándole la espalda igual que Mateo.
Así que no quería seguir siendo pasiva, ni seguir fingiendo frente a ellos.
Al fin y al cabo, ella llevaba sangre Moreno, también era hija de Eduardo.
Por más insoportables que se volvieran esos sujetos, no cambiarían el hecho de que ella era una heredera.
La riqueza y el lujo de esa familia le correspondían a ella también.
Si su madre fuera más implacable y lograba sacar a Sara y a sus hijos de la jugada...
¡Entonces ella sería la única heredera y todo el imperio de la familia Moreno sería suyo!
Entre más lo pensaba, más sentido le encontraba, lamentando no haberle hecho caso a su madre desde el principio.
Pero a pesar de haber buscado por años, seguía sin hallarlo.
El detestable de Eduardo siempre se llenaba la boca diciendo cuánto la amaba, cuánto confiaba en ella y que no podía vivir sin ella.
Pero cada vez que intentaba indagar sobre ese objeto, él cerraba la boca y fingía no saber de qué estaba hablando.
Clara no se atrevía a insistir demasiado por miedo a levantar sospechas.
Así que, además de mantenerlo enamorado para sacarle información de vez en cuando...
Había colocado a varios espías dentro del Grupo Moreno solo para encontrar el rastro de ese maldito objeto.
¡Ya no podía quedarse de brazos cruzados!
De lo contrario, Alba terminaría despidiendo a todos sus infiltrados, uno por uno.
El fin de semana.
Originalmente, había planeado ir a la mansión de los Góngora, pues Doña Susana la había invitado con mucha insistencia un par de días atrás.

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