Esa zona a las afueras de la ciudad, aparte de un par de farmacias tradicionales, solo tenía algunos chalets privados muy escondidos.
Alba Moreno justo había ido hasta allí para comprar algunos remedios naturales.
Al darse la vuelta, vio una silueta alejándose a toda prisa.
Alba observó la figura. ¿Por qué le resultaba tan familiar? ¿Acaso era Valeria?
Pero, ¿qué estaría haciendo Valeria en un lugar como este?
Y además, vestida de esa forma, como si estuviera escondiéndose de algo.
—Disculpe, señor, ¿esa muchacha que acaba de salir viene muy seguido? —preguntó Alba como si nada, deslizando los dedos sobre unas hierbas en el mostrador.
El dueño de la farmacia se ajustó los lentes de lectura.
—No mucho, pero cada vez que viene, va directo al chalet de ladrillo gris de allá atrás.
Como la zona era bastante desolada y la forma en que Valeria se vestía llamaba mucho la atención, el dueño lo había notado.
Alba asintió sin decir nada más.
*Quién diría que me encontraría con algo tan interesante.*
Después de irse, Valeria, para no levantar sospechas, llamó a Ximena Ortiz para ir de compras.
De paso, tenía que comprar algo de ropa para justificar su salida.
Como Ximena estaba libre, acordaron verse en el centro comercial.
—Vale, ¿estás bien? —preguntó Ximena con tono preocupado.
—Sí, estoy bien. Me castigaron una semana entera, todo por culpa de esa Alba —se quejó Valeria.
—Pues deberías mantenerte lejos de ella a partir de ahora. Por cierto, tu cumpleaños ya casi llega. ¿Cómo quieres celebrarlo? —indagó Ximena.
—Aún no lo sé —Valeria apretó los labios. En realidad, quería irse de viaje con Patricio.
Pero Patricio había estado un poco distante últimamente, y ella no se sentía muy segura.
—¿Patricio Quintana? —soltó Ximena de repente.
—¿Cómo sabes que quiero ir con él? —preguntó Valeria, fingiendo timidez.
—No es eso, Vale. Mira hacia allá. ¿Estoy viendo mal, o ese es Patricio paseando con una mujer? —dijo Ximena, agarrándola del brazo, muy alterada.
Valeria siguió la dirección que Ximena señalaba y su rostro perdió el color en un segundo.
Frente al mostrador de una joyería elegante, Patricio estaba inclinado, ayudando a una mujer a probarse un collar.


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