Dicho esto, se giró hacia la mujer.
—Adriana, ella es la hija menor de los Moreno, Valeria Moreno. Nuestras familias solo son amigas de toda la vida.
Al escuchar esa explicación, Valeria se alteró aún más:
—¿Amigos de toda la vida? Patricio, nosotros claramente...
—¡Basta! Valeria, cuida tus modales —la cortó Patricio con severidad.
Adriana soltó una risita y dejó el collar sobre el mostrador de cristal.
—Veo que llegué en mal momento. Señor Quintana, si está ocupado, ocúpese. Yo me retiro a preparar el contrato.
Luego, le lanzó una mirada cargada de intención a Valeria.
—Señorita Moreno, hay cosas que no se pueden forzar.
Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó con total elegancia, luciendo como una mujer madura y sofisticada.
Valeria se quedó paralizada, con las lágrimas a punto de derramarse.
—Patricio, ¿por qué me tratas así? ¿Qué hice mal?
Patricio se frotó las sienes, arrastrando una voz cansada:
—Valeria, vamos a buscar un lugar para hablar.
Ximena, al notar que necesitaban privacidad, tuvo el tacto de marcharse.
Patricio llevó a Valeria a una cafetería en el último piso del centro comercial.
Apenas se sentaron, Valeria no aguantó más y soltó:
—Patricio, ¿quién es esa mujer? ¿Qué tipo de relación tienen?
—Es solo una socia comercial. Valeria, creo que tenemos un malentendido que debemos aclarar —dijo Patricio en tono neutral.
Un mal presentimiento invadió a Valeria:
—¿Qué... malentendido?
Patricio la miró fijamente a los ojos.
—Tú y yo nunca hemos estado comprometidos. Eso solo fue una fantasía tuya. Yo siempre te he visto como a una hermanita menor. Mi compromiso es con Alba, ¿te queda claro?
—¿Por qué? ¿Solo porque Alba tiene acciones de la empresa? ¿Es por eso que te quieres casar con ella? —La voz de Valeria subió de tono bruscamente, haciendo que los clientes de las mesas cercanas voltearan a mirarlos.



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