Entrar Via

Esposa Despreciada. romance Capítulo 8

Los ojos de Sebastián se posaron de inmediato en su esposa, pero no era la mujer que conocía o que esperaba ver.

El vestido rojo que llevaba no era solo una prenda cuidadosamente seleccionada, era un manifiesto silencioso de que algo en ella había cambiado para siempre. No era el blanco etéreo que Alessia le había sugerido con falsa cortesía, ni la silueta recatada que la familia Moretti solía alabar.

Era un vestido rojo.

Rojo como la determinación, como la sangre que aún latía en su pecho con más fuerza que nunca.

Su maquillaje, aunque sobrio, estaba estratégicamente aplicado para marcar territorio, los labios vinotinto mate eran una advertencia, no una invitación.

Caminaba como si cada baldosa le perteneciera, con la cabeza en alto y los ojos firmes. El mentón ligeramente elevado, los hombros perfectamente erguidos, cada paso medido con la precisión de quien no teme a los reflejos del pasado.

Era una reina cruzando el campo de batalla, no una invitada más.

Ya no quedaba ni sombra de la mujer que mendigaba espacio para brillar, esa versión de Isabella había muerto con el último desengaño.

Isabella Deveraux había entendido, al fin, que no necesitaba el permiso de nadie para destacar, y mucho menos el de un hombre que alguna vez creyó que podía opacarla. Su valor no se medía por miradas ajenas ni por aplausos fingidos, sino por el fuego nuevo que ardía bajo su piel, inquebrantable, incuestionable, irrebatible.

—Perdonen la demora —anunció Sebastián, su tono impecablemente ensayado, como si aún tuviera dominio sobre cada elemento en la habitación—. He traído a Alessia conmigo. Está en proceso de formación dentro del equipo de inversiones, una incorporación que, estoy seguro, sabrán apreciar.

El silencio posterior no fue por cortesía, sino por la incomodidad apenas disimulada que dejó flotando en el aire. Era la clase de declaración que buscaba normalizar lo que estaba lejos de ser inocente.

La señora Emilia apenas pudo disimular la satisfacción en su rostro, estaba al tanto de todo.

Nada de lo que ocurría allí era espontáneo, aquello era un teatro cuidadosamente diseñado, cada detalle ensayado hasta el último gesto.

Alessia, con esa sonrisa medida que fingía humildad, saludó con una elegancia casi mecánica. Avanzó hacia la mesa como una bailarina en una coreografía que conocía de memoria, su vestido blanco entallado ondeando tras ella como una bandera que proclamaba conquista.

No era una coincidencia, era casi el mismo vestido, muy parecido al que Sebastián había enviado a Isabella en la mañana, pretendiendo exclusividad.

Una jugada vil que pretendía disfrazar el engaño de protocolo, y la traición de cortesía.

Pero en lugar de opacar a Isabella, ese gesto solo realzó su presencia.

Vestida de rojo, con una silueta impecable que resaltaba cada curva con sobriedad, Isabella era una visión imposible de ignorar. No se trataba de competencia, se trataba de reivindicación.

No había venido a compararse ni a agradar, había venido a sentarse en el lugar que ahora le correspondía y callar algunas bocas.

—Isabella —dijo Alessia, con una voz tan melosa que rozaba lo teatral, una dulzura artificial que empalagaba como perfume barato en exceso—, qué elegante.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa Despreciada.