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Esposa Despreciada. romance Capítulo 12

Un murmullo recorrió la sala como una onda invisible, la incomodidad era palpable, como si el aire hubiese aumentado de peso, volviéndose espeso y difícil de respirar.

Giacomo bajó la vista hacia su móvil, fingiendo revisar algo importante, aunque la sonrisa irónica que se dibujó en la comisura de sus labios lo delataba como un espectador entretenido ante la caída de una máscara. Su gesto fue breve, casi imperceptible, pero lo suficientemente revelador para quien estuviera atento.

Alessia, en cambio, frunció el ceño con un esfuerzo visible por mantener la compostura y aspiró una bocanada de aire que no logró aliviar el ardor que empezaba a treparle por el cuello.

Sabía que cualquier reacción fuera de lugar podía ser leída como una admisión de culpa, así que se obligó a sostener la mirada al frente, aunque su interior temblara como una hoja azotada por el viento, ante tal humillación.

—También cursé dos semestres de la maestría en finanzas… —alcanzó a decir, forzando una voz que ya no lograba sonar firme, mientras se incorporaba ligeramente como si el mero gesto físico pudiera fortalecer su argumento.

Sus ojos buscaron apoyo en las caras del comité, esperando tal vez una señal de comprensión, un gesto de rescate entre las miradas frías que la rodeaban. Tomó aire con el pecho apenas levantado, e intentó sonreír como si pudiera borrar con cortesía la humillación de segundos antes, aunque su mandíbula tensa delataba el esfuerzo por contener las lágrimas.

La dignidad se le escapaba gota a gota, pero aún se aferraba a las pocas palabras que creía tener a su favor, luchando por no perder del todo el terreno bajo sus pies.

—Que no terminaste —interrumpió Isabella con precisión, alzando una hoja con un movimiento medido—. Aquí está el registro oficial de la Universidad Bocconi. Estado: retirada académica sin título. Y, según la política interna de riesgos de esta compañía, todo gestor de mesa debe acreditar al menos cinco años de experiencia comprobable o haber culminado un posgrado reconocido con validez internacional. Tú no cumples con ninguno de los dos requisitos.

El silencio que siguió no solo fue incómodo, sino que adquirió un peso casi físico, como si hubiera descendido una niebla densa sobre la sala, inmovilizando a todos por igual.

Sebastián, aún aferrado al puntero láser como si fuese un ancla en medio del naufragio, lo apretó con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, como si su cuerpo intentara aferrarse a algún tipo de control que ya no poseía. Su mandíbula se contrajo de forma visible, los músculos tensándose bajo la piel como cuerdas a punto de romperse, y su mirada, cargada de una mezcla de incredulidad, ira contenida y una vulnerabilidad apenas perceptible, osciló entre su esposa, que se mantenía firme como una estatua tallada en mármol, y Alessia, que ahora parecía encogerse centímetro a centímetro en su asiento.

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