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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 489

—De acuerdo.

Unos veinte minutos después, el sonido del timbre resonó en la casa. Para entonces, Elara y Renato ya se habían aseado y esperaban sentados en la sala.

Al oír la puerta, Renato soltó la mano de Elara y se levantó para abrir.

Poco después, entró Violeta Ávila. Llevaba puesta una enorme y abultada chaqueta negra, con la capucha calada sobre la cabeza, y una bufanda roja enrollada hasta la nariz. Como su rostro era pequeño, la capucha y la bufanda ocultaban casi todas sus facciones. Para rematar, traía colgada en el brazo una canasta del mercado.

Elara casi no la reconoció.

—¿Violeta?

—Elara, soy yo —dijo Violeta mientras bajaba la canasta. La miró con genuina preocupación—. ¿Tan fuerte te pegó el resfriado? Hasta la voz la tienes ronca.

Las mejillas de Elara se tiñeron de rojo. Esa ronquera no era por ningún resfriado. De hecho, su voz ya sonaba mucho mejor hoy; el día anterior sí que estaba ronca de verdad.

—¿Cómo fue que te enfermaste de repente? ¿Acaso no te abrigaste bien?

¿Qué resfriado ni qué nada?

El rostro de Elara ardía. Desvió la mirada, consumida por la culpa, sin saber qué responderle.

Renato miró a Violeta e intervino justo a tiempo:

—¿No te da calor con tanta ropa?

Elara comprendió de inmediato que Renato estaba cambiando de tema para rescatarla. Lo miró: su expresión era completamente imperturbable, como si no pasara nada. Tuvo que admitir que ella jamás lograría ese nivel de autocontrol.

La calefacción estaba encendida, por lo que el contraste con el frío de afuera era enorme.

—Me aso de calor —admitió Violeta, quitándose la bufanda y la chaqueta—. ¿Qué les parece mi disfraz? ¿Verdad que me quedó bien? La ropa, la bufanda y la canasta se las pedí prestadas a la señora que hace las compras en mi casa.

¿Quién pensaría que la preciada princesa de la familia Ávila se vestiría como una señora cualquiera que va al mercado?

A simple vista, engañaba a cualquiera.

Elara sonrió y tomó su abrigo y la bufanda.

—Fue un disfraz excelente, ni siquiera yo te reconocí.

—¿Vieron? ¡Soy brillante! —Los ojos de Violeta brillaban con entusiasmo, era evidente que encontraba toda la situación fascinante y divertida. Luego, sacó una bolsa negra de la canasta, revelando una chaqueta blanca más elegante y una falda plisada negra—. Traje esta ropa para cambiarme cuando me vaya. ¿A poco no pensé en todo?

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