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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 116

Esa noche, el ambiente en el Club Escape estaba más tenso que nunca.

El ruido ensordecedor de la pista chocaba contra las paredes y el lugar estaba tan atestado de gente que el encierro daba claustrofobia.

Melissa caminó por los pasillos oscuros sin mirar a nadie, con la cartera apretada contra el pecho y el estómago revuelto.

Sin decir ni media palabra, sacó un fajo grueso de billetes de su bolso y se lo tiró sobre la mesa, justo frente a él.

—Aquí tienes. Lo de este mes —dijo ella, cruzándose de brazos, tratando de mantener la respiración nivelada para no mostrar miedo.

Jake, que estaba revisando unos papeles, se echó hacia atrás en su silla giratoria. Tenía esa sonrisa torcida que a Melissa le daba terror.

Tomó el dinero que tanto amaba con toda la calma del mundo, lo abanicó cerca de su rostro y cerró los ojos un segundo.

—Huele a ti... Ese perfume intenso no se le quita con nada. Por lo visto, te sigues acostando con Donovan para sacarle todo este efectivo.

—No te hagas el tonto, Jake. Qué bien que me tienes vigilada. Sabes perfectamente lo que hago, a dónde voy y con quién me meto.

—Y es solo dinero lo que él te da. Te usa y te paga. Nada más.

—Vas a empezar otra vez con la misma cantaleta.

Jake dejó los billetes en la mesa y se puso de pie. Rodeó el escritorio a paso lento hasta quedar frente a ella, invadiendo su espacio.

—Sabes que te tengo en mis manos, ¿verdad? Un par de palabras mías, y toda esta vida perfecta que te armaste se va directo por el desagüe.

—¿Qué más quieres de mí? —exclamó ella, alzando la voz con desesperación—. Ya te traje lo que pediste, te cumplo como siempre. ¿Cuándo me vas a dejar en paz?

—Sabes perfectamente qué es lo que quiero de ti. Quiero que vivas conmigo. Que dejes de andar mendigando las sobras de un tipo que está casado y te vengas aquí. Te quiero para mí.

Melissa soltó una carcajada seca, llena de pura amargura, y dio un paso atrás.

—Por Dios, Jake, tú no quieres a nadie. No tienes corazón. Siempre me viste como un simple medio para forrarte en billetes, y mírate, aún sigues en lo mismo. Extorsionándome, sacándome hasta el último centavo que logro juntar. Al dinero es al único que tú quieres realmente.

Él se encogió de hombros, sin inmutarse en lo absoluto por el insulto, y cambió de tema con una naturalidad que la descolocó por completo.

—Como digas. Cambiando de tema... Brenda ya no trabaja aquí. Se largó para siempre.

—No seas ridícula, Melissa. Si ni siquiera es tu hijo de verdad.

Las palabras le dolieron más que una cachetada.

—¡Es mi hijo! —le gritó con la voz rota y los ojos llenos de lágrimas—. Lo tuve en mis brazos desde que era un recién nacido, le di de comer, lo vi dar sus primeros pasos. Por lo tanto, es mío y lo amo.

—Bájale a tu drama de pobre víctima, que estás hablando conmigo. Conozco la historia completita.

—¡Tú no entiendes nada, Jake! Ese niño es mi vida entera. ¿Tienes idea de la pesadilla que pasé? Víctor estaba de viaje de negocios el día del parto. Cuando mi verdadero bebé nació... nació muerto. —Tomó aire, temblando de pies a cabeza al recordar el frío de esa sala de hospital—. Yo sentí que el mundo se me vino encima. Estaba sola, aterrorizada, sabiendo que si Víctor llegaba y no había bebé, me iba a dejar en la calle al día siguiente.

Se secó una lágrima con el dorso de la mano y continuó, bajando la voz.

—Y luego apareció Lorena... Me fue a buscar a mi apartamento porque estaba ahogada en problemas y desesperada por pedirme dinero. Y ahí lo vi claro. Vi la oportunidad perfecta para salvarme. Le di el dinero que pedía para quitárselo y sustituí a mi bebé muerto por el suyo.

—Una excelente jugada, tengo que admitirlo. Fría y calculadora.

—No te voy a negar que al principio lo hice por puro instinto de supervivencia. Lo hice para amarrar a Víctor, quien en ese momento veía por mis ojos y me lo daba todo. Era mi seguro. Pero... —la voz se le suavizó— al tener a esa criaturita en mis brazos, sintiendo su calorcito en mi pecho, toda la ambición desapareció. Lo empecé a amar con locura, Jake. Mattias es mío, no podría vivir sin él, y no voy a dejar que nadie me lo quite.

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