Días después, la oficina de Amanda era un completo desastre.
Había planos tirados por las esquinas, catálogos en los sillones y la famosa maqueta del hotel ocupando toda la mesa.
Amanda llevaba horas ahí pegada, revisando cada detalle con lápiz en mano, muerta de cansancio pero súper metida en lo suyo.
En eso, la puerta se abrió de golpe y Adriana entró a toda prisa.
Llevaba su tableta bajo el brazo y un vaso de jugo que plantó en la mesa de un solo golpe, nada más para obligar a Amanda a levantar la cabeza.
—Tómate esto antes de que te desmayes del estrés—le ordenó Adriana con esa confianza de amiga que siempre la caracterizaba—. Por cierto, Amanda, el canadiense ha llamado como tres veces esta mañana. ¿Le devuelvo la llamada o lo dejo que se pudra? —preguntó con una sonrisa cargada de ironía.
Amanda soltó un suspiro pesado y tiró el lápiz sobre la mesa. Solo escuchar hablar de Alexander Donovan le daba dolor de cabeza.
—¿Qué quiere ahora ese infeliz? Pensé que le había dejado clarísimo en la obra que no teníamos nada de qué hablar fuera de ella.
Adriana desbloqueó la tableta y empezó a deslizar el dedo por la pantalla con rapidez.
—Pues por lo que veo aquí en la agenda, supongo que quiere invitarte a la presentación oficial de la maqueta del hotel frente a los otros inversionistas y los medios de prensa. El evento es de gala y es este mismo viernes.
Amanda se pasó las manos por la cara, frustrada, sintiendo que el cansancio del embarazo y del trabajo se le juntaban de golpe.
—No quisiera ir ni amarrada. Verle la cara de arrogante a ese tipo en un evento social es lo último que me provoca hacer en la vida. Pero tengo compromisos legales con la empresa y con este proyecto.
—Pues tienes que ir, jefa —Adriana se encogió de hombros y le dio la vuelta a la tableta para que Amanda leyera el mensaje directamente—. Porque el muy descarado, en el correo institucional que mandó su equipo de relaciones públicas, él mismo confirmó tu asistencia. Ni siquiera tuvo la decencia de preguntar si tenías espacio en la agenda, ya te metió en la lista VIP.
Amanda se llenó de rabia. Donovan seguía de necio con su jueguito de jefe, intentando manejarla a su antojo para demostrarle que él tenía el poder en todo esto.
—La gente cambia, Adri. Las situaciones cambian —respondió con sinceridad—. Víctor cometió muchos errores en el pasado, no te lo voy a negar, pero me ha demostrado con hechos que está dispuesto a mover cielo y tierra por mí y por este bebé. Dejó de ser mi problema para convertirse en mi mayor apoyo.
—Ya lo creo que sí. Se nota a leguas que te tiene en un pedestal y que se muere por ti —la picó Adriana con una sonrisa pícara—. Y por ese brillo que tienes en los ojos últimamente, asumo que esas reconciliaciones nocturnas han estado muy buenas.
—Para qué te digo que no, si sí —Amanda rió por lo bajo, relajándose por completo ante la confianza de su amiga—. Te lo resumo así de simple: con Víctor tengo placer con compromiso. No es solo pasión a lo loco o un rato para desestresarme, es saber que me acuesto con el hombre que me respalda en todo momento. Nos entendemos en la cama y fuera de ella mejor que nunca, y eso no lo cambio por nada.
Adriana asintió, visiblemente contenta por ver a su amiga tan plena después de haberla visto sufrir tanto por ese matrimonio.
—Me alegra muchísimo escucharte decir eso, Amanda. De verdad te mereces estar tranquila y feliz. Bueno, te dejo para que sigas peleando con tu obra de arte. Yo me encargo de avisar formalmente al equipo de relaciones públicas de Donovan que la arquitecta estrella irá con su respectivo acompañante de lujo.
—Haz eso. Gracias, Adri.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...