Al salir de la oficina de Jake, a Melissa le faltaba el aire.
Se metió en la parte de atrás del auto que Alexander Donovan le había dado y le ordenó al chofer que la llevara directo a la casa de Brenda. No podía ir a ver a su hijo así.
Durante el trayecto, la cabeza le daba mil vueltas. Necesitaba mirarla a la cara y confirmar si ella seguía viéndose con Daniel Iturbe.
Si Brenda abría la boca, el secreto de Mattias explotaría y ella terminaría en la calle, o peor, presa. Llegó al edificio, subió los escalones casi corriendo y tocó la puerta con una insistencia agresiva.
Brenda abrió la puerta unos segundos después. Llevaba ropa cómoda, el cabello recogido, y abrió los ojos de par en par al verla ahí parada con la respiración agitada.
—¿Melissa? ¿Tú aquí? —preguntó Brenda, sujetando el borde de la puerta, claramente incómoda por la visita sorpresa.
—Sí, ¿qué te sorprende tanto? —respondió Melissa, empujando la puerta con fuerza, sin pedir permiso para entrar—. Somos amigas, ¿no? Pensé que las grandes amigas se visitaban en sus casas.
—Está bien, pasa... —Brenda suspiró, cerró la puerta a sus espaldas—. Es solo que tengo mucho tiempo sin verte. Ya ni nos cruzamos como antes.
—Es que te me desapareciste del mapa de un día para otro, Brenda —Melissa empezó a caminar por la sala, detallando los muebles nuevos y la decoración—. Ya sé que dejaste el club definitivamente. Jake me lo dijo hace un rato.
Brenda desvió la mirada y se apoyó contra el respaldo de su sofá nuevo.
—Sí, bueno... ya sabes que nuestra vida en ese lugar no es nada fácil. Necesitaba un cambio urgente y salir de ese ambiente oscuro.
—Ay, sí, claro, lo sabré yo —Melissa soltó una risa seca, cargada de sarcasmo, girándose para encararla—. Por cierto, ¿de qué vives ahora? Porque los lujos no se pagan solos.
—Tengo un negocio propio ahora. Monté una boutique para damas.
—¿Una boutique? —Melissa alzó una ceja, mirándola de arriba a abajo con burla evidente—. ¿Y con qué dinero montaste tú una boutique de la noche a la mañana?
—Tenía unos ahorros guardados y...
—Por favor, ahórrate el cuento conmigo —la cortó Melissa, acercándose un paso—. Unos ahorritos de prostituta no dan para tanto. Seguro te conseguiste un buen amante que te está financiando la tienda.
Brenda apretó la mandíbula. Ya no era la misma muchacha asustadiza del club; ahora se sentía respaldada y no iba a dejar que Melissa la pisoteara en su propia casa.
—¿Qué estás insinuando, estúpida? —siseó Melissa, con la voz temblando, perdiendo cualquier rastro de cordura—. ¿Me estás diciendo que pronto se te va a ir la lengua con tu amante para arruinarme la vida?
—Daniel es muy amigo de Víctor, lo quiere muchísimo —respondió Brenda, dando un paso atrás al ver la mirada desquiciada y oscura de Melissa—. Me da mucho pesar con él, ver cómo lo sigues engañando con un niño que ni siquiera lleva su sangre...
—¡Eres una maldita zorra! —gritó Melissa, completamente fuera de sí, con la cara roja de furia—. ¡Vendiste nuestra amistad por unos pocos centavos y un buen rato de sexo en una cama! ¡Maldita!
El pánico de perderlo todo la cegó. Ya no pensaba con claridad, solo veía a la mujer frente a ella como la amenaza inminente que iba a destruir a su vida.
Sin pensarlo un segundo más, Melissa metió la mano violentamente en su bolso, buscando la navaja de bolsillo que siempre cargaba encima.
Su mano se cerró alrededor del mango. La sacó en un movimiento rápido, impulsada por la pura desesperación.
Brenda apenas tuvo tiempo de abrir la boca para gritar cuando Melissa se abalanzó sobre ella con toda su fuerza. El filo se hundió profundamente en el costado de Brenda.
El tiempo pareció detenerse de golpe en la sala. Brenda abrió los ojos desmesuradamente, ahogando un grito de dolor, y se llevó las manos al abdomen mientras tropezaba hacia atrás, perdiendo el equilibrio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...