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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 839

¿Con qué derecho?

Ella había crecido rodeada de lujos y consentida toda su vida.

Y al final, no solo no pudo casarse con el hombre que amaba, ¡sino que ahora tenía que tragarse el asco de servir a un hombre veinte años mayor que ella!

¿Con qué maldito derecho? Gloria, que había salido de un barrio humilde, terminó volando alto y convirtiéndose en la señora de la casa, recibiendo todo el amor exclusivo del único hombre que valía la pena.

Mientras Irene tenía que soportar la humillación de complacer a un viejo, soportando besos con sabor a tabaco rancio y alcohol, además de sus fetiches retorcidos, Gloria era mimada por Federico, disfrutando de un trato que cualquier mujer envidiaría.

¡Esa vida debería haber sido suya!

Irene estacionó el auto. Mientras más lo pensaba, más se desbordaba el resentimiento en su pecho.

Gloria no era digna.

No era digna de robarle su vida, y mucho menos digna de casarse con Federico.

Tarde o temprano, Federico se daría cuenta de que ella era cien veces, ¡mil veces, un millón de veces mejor que Gloria!

Una vez que el eco de aquel frenazo desapareció, el estacionamiento volvió a quedar en silencio.

El brazo de Federico seguía firme protegiendo a Gloria. Ella, por inercia, se aferraba a su manga, mirando atónita la dirección en la que el auto había desaparecido.

—¿Estás bien?

La mirada oscura y profunda de Federico regresó a ella, evaluándola de pies a cabeza.

Gloria negó con la cabeza. —Estoy bien, yo...

Al bajar la vista, notó que había clavado sus uñas en la muñeca de Federico, dejándole unas marcas profundas.

Sus uñas aún seguían hundidas en su piel.

—No pasa nada. —Federico la soltó con suavidad y rozó levemente las marcas en su brazo, solo para tranquilizarla.

Pero toda su atención seguía puesta en Gloria.

Todo había sido tan repentino que ella aún estaba pálida como el papel.

Quizá desde que tuvo a Lalo, se había vuelto mucho más consciente y temerosa por su propia vida.

—¿Quieres que volvamos al auto un momento para que te calmes?

Federico sacó las llaves del bolsillo, dispuesto a quitar la alarma.

Gloria lo detuvo. —No hace falta, ya pasó.

Capítulo 839 1

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