Raúl miró de reojo la silueta de Virginia mientras se alejaba. Llevaba puesto un camisón de dormir holgado que dejaba a la vista dos piernas largas, de piel suave y radiante.
Pensó que, fácilmente, podría rodear esos tobillos con una sola mano.
A decir verdad, Raúl no tenía mucha idea de lo que se sentía estar con una mujer, pero la idea en sí misma resultaba bastante tentadora.
Sacó su celular y le envió un mensaje a Federico Córdoba.
[Virginia le dijo a Gloria que soy gay y sospecha que tú y yo tenemos algo.]
Federico: [?]
Raúl: [Solo te aviso para que Gloria no se lo vaya a creer de verdad.]
El rostro de Federico se oscureció. Primero decían que no funcionaba, ¿y ahora que tenía un romance con Raúl?
—¿Señor Córdoba?
Durante la videoconferencia, el hombre de repente se quedó absorto viendo un mensaje y su expresión se tornó sombría.
Los altos ejecutivos no se atrevían a decir ni una palabra, así que Pablo Ibarra tuvo que intervenir.
Federico dejó el celular a un lado.
—Lo dejamos hasta aquí.
—Se levanta la sesión —anunció Pablo, despidiendo a los presentes.
La sala de reuniones virtual se vació y solo quedó Pablo, quien no cortó la transmisión para reportar otros asuntos de trabajo.
Pero a la mitad del informe, notó que Federico estaba distraído de nuevo.
—Señor Córdoba, si lo prefiere, puedo compilar un documento detallado y enviárselo a su correo más tarde.
Federico no estaba escuchando ni una palabra.
—Pablo, ¿tienes novia?
La pregunta, totalmente fuera de lugar, tomó a Pablo por sorpresa.
—No, señor.
Federico inquirió.
—¿Y por qué no te consigues una?
—El trabajo me consume demasiado tiempo. Si usted me aprobara...

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