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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 819

En su sueño, Gloria sentía que la besaban con una pasión arrolladora.

Por instinto, empujó con las manos, sintiendo el pecho firme y ardiente del hombre, tan caliente que le quemaba las palmas.

Al abrir los ojos, adormilada, lo primero que vio fue el rostro atractivo de él.

Gloria se quedó pasmada un instante, creyendo que seguía soñando.

Parpadeó lentamente, respirando con agitación. Cuando su vista se aclaró, las facciones masculinas de Federico se perfilaron con nitidez.

Los labios de Federico estaban ligeramente húmedos y en sus ojos oscuros brillaba un deseo contenido.

—Tú...

—Vuelve a la habitación a dormir, yo me encargo de la reunión.

En la quietud de la noche, la voz ronca del hombre resultaba increíblemente magnética.

El tono profundo resonó como las cuerdas de un violonchelo, tocando el corazón de Gloria.

¿Acaso un beso era su forma de despertarla?

Gloria no tuvo tiempo de reclamarle por esa manera tan atrevida de interrumpir su sueño, porque él ya se había levantado y regresado a su silla frente a la computadora.

Estaba allí sentado, impecable y solemne, como si lo único que hubiera hecho fuera tocarle la mejilla de forma respetuosa para pedirle que se fuera a dormir.

A Gloria se le quitó el sueño por completo, pero no quiso quedarse ahí ni un segundo más. Se levantó de la cama y caminó de regreso a su recámara con pasos tan ligeros que parecían flotar en el aire, igual que la sensación que llevaba en el pecho.

Aquello no había sido un accidente; entre dos adultos, cualquier roce íntimo tiene un motivo y una intención clara.

Federico siempre aparentaba ser un hombre frío, que no se dejaba llevar por sus impulsos, casi como un monje.

Solo Gloria sabía que, cuando se desataba, ese rostro esculpido por los dioses podía irradiar una pasión desbordante.

Se mordió el labio con suavidad mientras recuerdos inapropiados de meses atrás —cuando él había sido drogado— inundaban su mente, imposibles de reprimir.

Para él, tenerla viviendo bajo su mismo techo debía ser una verdadera tortura.

La noche dio paso a la mañana, y la cabeza de Gloria no dejó de dar vueltas.

Tanto así, que al día siguiente no podía ni mirarlo a la cara sin sentirse extraña; ni siquiera era capaz de entablar una conversación normal.

—Lo de anoche... ¿te asustó?

Federico notó su incomodidad y fue directo al grano.

Gloria enderezó la espalda y negó con la cabeza.

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Capítulo 819 2

Capítulo 819 3

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