—Adelante.
La voz de Mateo sonó desde adentro después de que Gloria tocara la puerta.
Entró y saludó asintiendo levemente.
—Señor Granados.
Mateo la vio entrar y se acomodó en su asiento.
—Secretaria Loyola... sigo acostumbrado a llamarla así.
Anteriormente habían coincidido varias veces en los eventos de Belgrano Norte, aunque sus interacciones se limitaban a saludos cordiales.
Pasar de ser rivales a tener una dinámica de jefe y empleada era un cambio difícil de asimilar.
—Como usted prefiera, señor Granados.
A Gloria no le importaba un simple título.
Aunque ella había empezado como una simple secretaria, Mateo no se atrevía a subestimarla.
A fin de cuentas, su relación con Federico Córdoba...
—La colaboración con los Mendizábal para el proyecto del sureste ya es un hecho. Si esto te representa un problema, Gloria, tendrás que superarlo. No podemos dejar que afecte los intereses de la empresa.
Su tono de voz no era malo, pero su actitud era implacable.
—Jaime se llevó el sello de la empresa. Ve a hablar con él y firma el contrato con el Grupo Mendizábal lo antes posible.
Lo que en realidad quería era que Gloria convenciera a Jaime de aceptar el trato con el Grupo Mendizábal.
Gloria no quería meterse en sus problemas familiares.
—Señor Granados, usted fue quien educó a Jaime. Si usted no puede convencerlo, mucho menos yo, que solo soy una empleada. No tengo forma de hacerlo.
Mateo dejó escapar un largo suspiro.
—Él gastó una fortuna para sacarte del Holding Rivadeneira, te concedió la incapacidad por maternidad en cuanto llegaste y hasta te organizó un esquema de medio tiempo. Para él, eres mucho más que una simple empleada.
—Yo... —intentó decir Gloria.
—Él te ha tratado muy bien. Si se va, no habrá nadie en esta empresa que te proteja.
La mirada intimidante de Mateo cayó sobre ella con todo su peso.
Seguramente, cuando Jaime le hizo su berrinche, no pensó que estaba dejando a Gloria completamente sola en el Grupo Larrinaga.
—Señor Granados, yo firmé un contrato con la empresa. Tanto mi periodo de lactancia como mi esquema de medio tiempo actual son cláusulas especiales estipuladas por escrito.
Gloria trató de ser lo más objetiva posible.
—¿Dónde dejaste el sello de la empresa? —le preguntó Gloria.
Hubo un silencio de varios segundos del otro lado de la línea, seguido por un grito ahogado.
—¡Híjole! ¡Creo que lo dejé en la mesa de la sala de espera del aeropuerto!
Gloria se frotó la frente con la mano.
—Menos mal que no pensabas firmar. Si realmente hubieras querido hacer el trato, ya habrías arruinado todo.
—Pues qué bueno que lo perdí, así no firmo nada —dijo Jaime intentando disimular su error, y luego preguntó—: ¿Y para qué quieres el sello?
Gloria prefirió suavizar las cosas:
—El Grupo Larrinaga y el Grupo Mendizábal van a cerrar el trato. Necesitan el sello para firmar el contrato. Aunque te hayas ido, no vas a poder detenerlos.
—Oye, espérate —dijo Jaime, dándose cuenta de la situación apenas en ese momento—. Si yo me fui, ¿eso significa que te dejaron el paquete a ti?
Gloria emitió un sonido afirmativo.
—Voy a ir al aeropuerto a recogerlo.
—¡No manches, no puedes firmar ese contrato! —exclamó Jaime, alterado—. Los Mendizábal van sobre ti. ¡Si lo firmas, te van a hacer la vida imposible!

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