—Lo sé.
Gloria ya lo había pensado detenidamente. Si no firmaba el contrato, Mateo la despediría bajo el pretexto de incompetencia laboral, sin pagarle un solo peso.
En ese momento, lo más importante no era cuidarse de los Mendizábal, sino evitar que Mateo la echara a la calle sin liquidación.
—Bueno, en ese caso... yo voy al aeropuerto a recogértelo —dijo Jaime, cambiando de tono—. Si vas tú, entre la ida y la vuelta se te va a hacer de noche y Lalo te está esperando.
Eran las dos y media de la tarde. Un viaje de ida y vuelta al aeropuerto le tomaría a Gloria al menos un par de horas.
Con suerte, lo encontraría de inmediato, pero si no, perdería todavía más tiempo.
—Está bien. En cuanto lo encuentres, me marcas, y mañana paso por él a tu casa.
Tras colgar, Gloria condujo hacia su casa.
A mitad de camino, sonó su celular. Era una videollamada de la mayordoma.
Como estaba manejando, no era prudente contestar, y como de todos modos ya casi llegaba, prefirió colgar.
***
Bahía Montero.
La mayordoma se quedó mirando la pantalla tras el rechazo de la llamada y volteó hacia Federico.
—Señor Córdoba, Gloria no contestó. Quién sabe si venga en camino o si esté tan ocupada que no pudo responder.
—Vuelva a marcarle...
Alicia y Paulina seguían ahí, y Federico no quería jugársela. Era mejor saber exactamente a qué hora iba a llegar Gloria.
Pero antes de terminar la frase, Alicia lo interrumpió:
—¿Para qué le marcas otra vez? Obvio está ocupada. Si ya viniera de regreso, hubiera contestado la videollamada.
Alicia no se quería ir y Paulina no tardó en apoyarla:
—¡Sí, sí, claro! Seguro tienen un montón de chamba en el Grupo Larrinaga. Si dijo que no regresaba en toda la tarde, a poco la van a dejar salir antes.
Arrastrado.
Cuanto más lo pensaba, más le hervía la sangre a Alicia.
—Mamá, ¿tú crees que mi papá es un arrastrado? —preguntó Paulina, acercándose otra vez.
—¿Qué acabas de decir? —Alicia la fulminó con la mirada—. ¿Quieres que le vaya con el chisme a tu papá?
Paulina soltó un bufido.
—Si mi papá me fuera a pegar por decir eso, a ti ya te hubiera hecho picadillo desde hace años. Si no fuera por ti, el matrimonio de mi hermano no se habría vuelto este circo. Aparte, tú tratas mejor a Irene que a mí, y mi papá nunca te ha dicho nada, así que para mí, él también es un arrastrado.
Cada una de sus palabras fue como echarle sal a la herida, dejando a Alicia con la cabeza dándole vueltas del coraje.
¡El compromiso de Irene con Federico ya era una espina clavada en su corazón!
¡Le dolía en el alma!
—¡Ya regresó la señora! —gritó la mayordoma, entrando corriendo desde el patio, hecha un manojo de nervios.

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