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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 664

Gloria lo llevó directo a su casa.

Poco después, llegaron al lugar.

—Tú tampoco tienes que regresar a la oficina en la tarde. Vete a descansar —le dijo Jaime mientras abría la puerta para bajarse, haciéndole una seña para que se fuera.

En el camino, el celular de Gloria había sonado. En cuanto estacionó bien el carro, lo revisó.

Era un mensaje de Amelia:

[¡Señora Loyola, el señor Granados llegó a la empresa y pide que regrese de inmediato!]

Jaime podía darse el lujo de renunciar de buenas a primeras y hacerle un berrinche a Mateo.

Pero Gloria seguía siendo empleada del Grupo Larrinaga.

Ella respondió con un «De acuerdo», y luego le contestó a Jaime:

—Entendido, ya me voy.

Jaime se quedó de pie en los escalones y se inclinó para despedirse con la mano.

Esperó a que el coche de Gloria saliera de la residencial antes de darse la vuelta para entrar a su casa.

Levantó la mano y puso la yema del pulgar en la cerradura digital.

La cerradura electrónica emitió unos pitidos y una voz robótica anunció: «Huella no reconocida».

Jaime se frotó el dedo en la ropa y lo volvió a intentar.

Pasó exactamente lo mismo.

—¡Ay, por favor! ¡Como si me fuera a quedar en la calle por no entrar a este cuchitril!

Dicho eso, dio media vuelta, sacó su celular, pidió un taxi y se fue directo al hotel más cercano.

Media hora después, en la recepción del hotel.

El recepcionista le devolvió la tarjeta de crédito a Jaime con mucha cortesía.

—Señor Granados, su tarjeta tiene fondos insuficientes.

—Imposible, tiene un montón de dinero —respondió Jaime sin pensarlo—. ¿Seguro que su terminal no está fallando?

El recepcionista sonrió con incomodidad.

—¿Gusta intentar con otra tarjeta?

Jaime sacó otra tarjeta.

—Tenga, pase esta.

Un momento después, el joven se la devolvió.

Se quedó parado en la puerta del hotel un buen rato, reflexionando, y decidió que no iba a dar su brazo a torcer por nada del mundo.

***

Grupo Larrinaga.

A las dos de la tarde, Gloria regresó a la empresa.

El ambiente en la oficina estaba muy tenso. En cuanto salió del elevador, vio a varios secretarios salir de la oficina de presidencia con caras largas y expresión de derrota.

Esa era originalmente la oficina de Jaime, pero ahora estaba ocupada por Mateo.

—Señora Loyola, el señor Granados pidió que pase —le dijo Amelia.

Al verla llegar, corrió a avisarle:

—Parece que el joven Granados se llevó el sello de la empresa y eso afectó la firma del contrato de esta tarde. El señor Granados está echando chispas.

—Entendido.

Gloria recordaba perfectamente que Jaime se había llevado el sello al aeropuerto.

Se lo había llevado al bajarse del carro y, cuando regresó, solo traía los documentos, los cuales rompió y tiró a la basura. No recordaba haberlo visto con el sello de regreso.

Gloria respiró hondo y, sintiendo un peso enorme encima, caminó hacia la oficina de Mateo.

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