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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 56

Al principio, Gloria todavía estaba pensando si pedirle ayuda a Jaime.

Ahora ya ni había qué pensar: esa puerta se había cerrado.

Desde temprano, Gloria traía mil cosas en la cabeza y hasta se le notaba en la cara.

—Glori.

Mirella aprovechó que iba a dejarle unos documentos para chismear:

—¿Sabes por qué corrieron a Isabella Téllez?

Gloria volvió en sí y negó con la cabeza.

—No tengo idea.

—Isabella dijo en el grupito del área que tú le metiste ideas al señor Córdoba para que la corriera. Y también que te andas metiendo entre él y la señorita Orozco, que les estás arruinando la relación.

Eso Mirella no se lo creyó. En el chat le respondió un par de cosas a Isabella.

Isabella era la administradora y la sacó del grupo.

—Pero las del grupo son puras amigas de Isabella… y le creyeron. Ya andan regando el chisme por todos lados.

Desde que salió la noticia de que se canceló el compromiso de Federico con Irene, la gente en la empresa la veía distinto.

Estos días había sido peor: a donde Gloria iba, sentía las miradas encima.

Así que Isabella seguía moviendo los hilos a escondidas.

—Oye, me dijeron que te vas a salir… ¿es por esos rumores?

Mirella le agarró la mano.

—No vale la pena. Al rato que tengas novio, te cases, se cae todo el chisme solito… y este trabajo tiene un futuro buenísimo…

¿Novio? ¿Casarse?

Gloria nunca se había planteado eso.

Pero cuando Mirella dijo “se cae solito”, algo le brincó por dentro.

—Lo de mi renuncia es complicado. Todavía no está decidido. Si me voy, te aviso con tiempo.

Mirella se puso más nerviosa.

—¿Y si te vas, yo qué hago? Glori, ¿te puedes quedar?

Se estaba poniendo como niña. Gloria, sin saber ya cómo decirle, cedió:

—Está bien, está bien… por ahora no me voy.

Dijo “por ahora”, no “ya no”.

Era una herramienta para molestar a Irene, un peón “a la mano”, un—

Gloria se quedó sin aire. Un dolor sordo le empezó a crecer por dentro hasta ponerla pálida.

Al fondo del pasillo, el elevador privado de dirección se abrió despacio.

Federico salió con traje negro y una corbata rojo oscuro impecable.

Caminó hacia ella con paso firme.

Sus ojos profundos, imposibles de leer, se toparon con la mirada clara de Gloria, cargada de coraje.

Las miradas chocaron en el aire y el ambiente se tensó sin que nadie dijera nada.

Federico se detuvo frente a su escritorio. Su expresión se tensó.

—¿Qué, Gloria? ¿De malas?

—No —negó ella, rígida, aunque la cara la delataba.

—A ver… ¿qué cosa podría afectar a Gloria?

Federico se quedó pensativo un momento y luego se le dibujó una sonrisa de burla.

—¿Lo de la familia Granados que salió en las noticias hoy en la mañana?

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