Entrar Via

EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 162

—Claro que entramos. —Gloria tampoco se esperaba que Jaime hubiera ido solo.

Entró con todos al salón privado.

—Ay, si yo soy bien cotizado, ¿tú por qué me andas queriendo acomodar con alguien?… ¿Quién anda diciendo que yo no sirvo? Estoy al cien. Que me hagas abuela es cosa de tiempo. Y si no me crees, mañana te traigo a una…

Tenía el brazo recargado en el respaldo de la silla, con ese aire flojo y retador.

Al escuchar pasos, volteó.

—Ya, ya, ya. Me pongo a trabajar.

Colgó y se quedó mirando, uno por uno, a los más de diez que acababan de entrar.

—Con razón reservaste un salón tan grande. ¿A poco sí trajiste a todo el mundo?

La frase traía implícito que él quería comer a solas con Gloria.

Mirella y los demás se quedaron a medias, sin saber ni cómo saludar.

—Si vamos a hablar de trabajo, claro que tenían que venir todos —dijo Gloria.

Se sentó a unas cuantas sillas de distancia de Jaime.

Hasta entonces Mirella y los demás se animaron a saludar.

—Señor Granados.

—Señor Granados.

Después de los saludos, fueron tomando asiento, algo tensos.

Jaime respondió con desgano, recargado, con la pierna cruzada.

A sus lados no se sentó nadie. Enfrente, una fila completa de gente.

—Tú siéntate acá. —Palmeó la silla a su lado—. Esto parece que me están juzgando entre todos, como si yo hubiera hecho algo.

A Gloria no le quedó de otra que mover su bolsa y acercarse, y de paso indicarles a los demás que también se recorrieran.

Pero Jaime agitó la mano.

—Ustedes ahí. Que venga ella sola.

Mirella ya iba a pararse; al oír eso, solo pudo volverse a sentar.

—Señor Granados, ¿por qué no llama ahorita a los responsables del proyecto para que coman con nosotros? —propuso Gloria.

Jaime miró su reloj.

Capítulo 162 1

Capítulo 162 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA