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Embarazada de tu rival: Ahora soy la Señora Fonseca romance Capítulo 213

Iris no podía emitir sonido alguno, empujando con sus manos los hombros de él.

Pero la fuerza del hombre era como una montaña inamovible, aplastando su resistencia.

El pánico y la decepción la invadieron al mismo tiempo.

Unas lágrimas rodaron por el rabillo de sus ojos y cayeron sobre el dorso de la mano de Fabián.

Él pareció quemarse. Una luz sombría cruzó por su mirada.

En ese instante, como una bestia herida, perdió toda su fuerza.

Iris lo empujó. Él retrocedió tambaleándose y cayó sobre el sofá.

Casi al mismo tiempo, se escucharon pasos apresurados.

Eran Lucía, asustada, junto a Natalia, Bárbara, y un exhausto Esteban Salazar.

—Señora, ¿se encuentra bien? —preguntó Lucía en voz baja.

Cualquiera con ojos podía notar su aspecto desaliñado: su ropa de estar por casa estaba desordenada y húmeda. La humedad solo podía provenir de Fabián.

Ella negó con la cabeza y miró a Fabián, tirado en el sofá.

Tenía los ojos fuertemente cerrados, como si estuviera soportando un gran dolor, derrotado como un animal moribundo.

Era la primera vez que veía a Fabián en un estado tan lamentable.

Por orden de Esteban, Lucía acompañó a Natalia y a Bárbara para que se retiraran.

Iris también quiso irse, pero Esteban la detuvo.

—Iris, ayúdame a levantar a Fabián.

No tuvo más remedio que obedecer. Junto a Esteban, lo levantaron, le quitaron el saco y lo recostaron en la cama.

Debía estar muy borracho, pues no abrió los ojos en ningún momento.

Esteban se sentó al borde de la cama y habló en voz baja:

—Ya descubrí quién hizo todo esto.

—Sé todo lo que ella te ha hecho durante estos años.

—Te he fallado como suegro. Te prometo que te compensaré y te daré una explicación.

—Descansa bien. Mañana iremos al tribunal para recuperar todo lo que te pertenece.

Fabián no respondió, parecía haberse quedado dormido.

Esteban se levantó.

—Iris, cuídalo.

El comportamiento reciente de Fabián hacía que ella tuviera miedo de quedarse a solas con él.

—Iris, ya todo está claro... —Esteban dudó un momento, pero terminó diciéndolo—: Fue Silvia quien tendió la trampa contra Fabián. Él es inocente.

—Pero ella todavía no quiere rendirse. El juicio de mañana es crucial, tú...

En ese instante, Iris no pudo evitar pensar en su propio padre.

Fabián era más afortunado que ella.

Él tenía un padre que sabía distinguir el bien del mal, que aunque había sido cegado por Silvia, ahora había despertado.

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