—¿Acaso no soy más guapo que él? ¿Soy menos capaz? ¿Mi familia no tiene el mismo estatus?
Fabián levantó su copa y miró de reojo el teléfono de Santiago. Estaba viendo el perfil de Natalia, y al presionar un enlace, apareció la página oficial del Grupo Fonseca con la noticia del nombramiento de Xavier como presidente.
Había una foto de medio cuerpo del hombre, vestido con traje negro y camisa blanca, luciendo impecable y estricto.
—Él parece más confiable que tú —respondió Fabián con frialdad.
Santiago era un mujeriego; sus exnovias podían hacer fila desde el Grupo Salazar hasta el Grupo Fonseca.
—¿Confiable en qué? ¡Tiene prometida y aun así tiene citas con otras mujeres! ¿Tú también te dejaste engañar por su fachada? —Santiago se animó de repente. Abrió el perfil de vaya a saber qué exnovia, seleccionó una foto fijada y se la mostró con terquedad, como si quisiera convencerlo.
Fabián, que siempre le tenía paciencia, tomó el teléfono.
—Déjame ver.
Era una captura de pantalla de la foto que Xavier había publicado de su perro Cariño, compartida por una mujer quejándose en sus redes.
Miró la mano delicada en la foto, el mechón de cabello oscuro y sedoso, y el borde de una prenda café. En su mente apareció la imagen de Iris en la mansión Fonseca. El pecho se le oprimió tanto que casi no podía respirar. Le devolvió el teléfono a Santiago.
—Es tarde, vámonos.
Salió del bar a zancadas.
Los guardaespaldas levantaron de inmediato a Santiago.
Fuera del bar, caía un aguacero torrencial.
Al final de la larga calle, las luces de neón del cine parpadeaban.
Xavier subió a una camioneta negra escoltado por su asistente, mientras que Iris y Natalia tomaron un taxi de aplicación.
En su mente, no dejaba de rechazar esos pensamientos inapropiados.
Pero en ese instante, sintió que algo se había escapado de su control.
Media hora después, en la villa.
Iris, recién salida de la ducha, estaba sentada frente al tocador mirando su teléfono. Intercambiaba mensajes con Hugo y le seguía la corriente a una emocionada Natalia.
Todo porque casi se resbala a la salida del cine y Xavier le tendió la mano para ayudarla.
—Si lo hubiera sabido, me habría caído encima de él —Natalia estaba enterrada en las cobijas, con la cara roja, gritando como una loca—. Iris, estoy perdida.
—¿Ah, sí?
Ella le daba la razón.
—Si no logro conquistarlo, mi vida está arruinada.
—Pues buena suerte con eso.
Ella pensaba que en la vida no había obstáculos insuperables.
Dejaría que Natalia disfrutara de ese amor puro en el que solo tenía ojos para una persona.
Cuando ya no pudiera más y llegara la decepción...
Ella estaría ahí para ayudarla a superarlo.
Tal como ella misma había superado la pérdida de Infinito.
Si ella pudo dejarlo ir y casarse con Fabián, Natalia también podría en el futuro.
Aunque este matrimonio estuviera lejos de ser perfecto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Embarazada de tu rival: Ahora soy la Señora Fonseca