—El pabellón derecho ya quedó preparado para usted, señorita Devereux. El señor Devereux y la señora Lydia se quedarán en el pabellón izquierdo.
Naomi entrecerró los ojos, confundida.
—¿Por qué quedan tan lejos los pabellones? Quiero una habitación más cerca.
—Eso no es posible, señorita Devereux. El señor Devereux y la señora Lydia ya...
Ah.
Naomi comprendió por qué su habitación debía quedar lejos de la de Cale y Lydia.
—Sí, sí, ya entendí —la interrumpió.
Las dos asistentas asintieron al unísono y continuaron con sus explicaciones.
—Señorita Devereux, el señor Franklin llegará pronto. Será mejor que volvamos a la sala.
—¿Quién es ese? —preguntó Naomi sin mucho interés mientras seguía caminando hacia el estanque de peces. El sonido del agua le resultaba extrañamente relajante en medio del silencio del lugar.
—El sastre personal de la familia Devereux.
Naomi torció el gesto.
—¿Para qué?
—Sería mejor... que volviera ahora. El señor Devereux ya nos ordenó llevarla de regreso a la sala.
Naomi puso los ojos en blanco, fastidiada, pero no tenía sentido discutir. ¿Qué más podía hacer en ese momento sino obedecer las indicaciones de sus asistentas?
En cuanto volvió a entrar en la sala familiar, vio a Cale conversando tranquilamente con un desconocido.
—Ya volví. —Naomi miró el reloj que llevaba en la muñeca—. Treinta minutos exactos.
Cale se volvió hacia ella con una sonrisa satisfecha.
—Permíteme presentarte a Dean Franklin. Él se encargará de tu atuendo para la noche de la reunión.
Naomi suspiró y forzó una sonrisa. Extendió la mano, pero el hombre, en lugar de estrecharla, hizo una reverencia.
—Bienvenida a casa, señorita Devereux. Es un verdadero honor conocerla por fin y poder atenderla en persona.
Naomi volvió a suspirar, resignada.
—Sí, yo también me alegro de conocerlo, señor Franklin. En serio, no sea tan formal, por favor.
Franklin la miró con desconcierto.
—¿Hay... algún problema? Todos me miran como si estuvieran a punto de coronarme reina.
—Estoy cansada. ¿No puede tomarme las medidas sentada?
Lydia se rio mientras el sastre seguía midiendo a Naomi con cuidado.
—Lamentablemente no, señorita Devereux —explicó Franklin con cortesía—. Sería difícil conseguir el ajuste correcto. Además, la familia Devereux tiene símbolos antiguos. Para la heredera principal, los colores y el bordado no pueden elegirse a la ligera.
Naomi se masajeó las sienes, rendida.
Mientras tanto, al otro lado de la sala, Cale leía unos documentos. Aun así, de vez en cuando Cale no podía evitar mirar a Naomi mientras la medían.
—¿Por qué tengo que usar algo tan extravagante? —Volvió a quejarse Naomi.
—Porque esos ancianos viven obsesionados con los símbolos y las formalidades —respondió Cale con sequedad.
—¿Y si me niego? —preguntó Naomi mientras giraba despacio, siguiendo las indicaciones de Franklin.
—¿Quieres que todos esos ancianos se desmayen al mismo tiempo?
Naomi suspiró fastidiada y esta vez Lydia no pudo contener la risa.
A pesar del ambiente distendido, Naomi todavía percibía cierta tensión en toda la residencia Devereux.
Había más guardias de lo habitual. Vehículos desconocidos entraban y salían sin parar del recinto. Y de vez en cuando se veía a Vincent recibir informes con una actitud cada vez más seria.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Se terminó la novela 🥹...
Este es el final del libro de verdadddddd????...
Y que pasó con el embarazo de Lydia??...
Que aburridaaaaaa ya está la novela...
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...