—¿Por qué no sube? —preguntó Naomi, incapaz de ocultar por más tiempo su curiosidad.
Lydia llevaba un rato comportándose de forma extraña. Por más que Naomi le preguntaba qué le pasaba, Lydia nunca daba una respuesta clara. Siempre respondía con la misma sonrisa impecable, una que ocultaba más de lo que mostraba. En esa ocasión, Naomi sospechó con más fuerza que Lydia le ocultaba algo. Aunque Naomi le pidió que subiera y se acomodara en el asiento del copiloto, Lydia no se movió. Se quedó afuera y recorrió el estacionamiento con la mirada, como si sintiera que alguien las observaba.
—Hace frío aquí afuera —insistió Naomi.
—Tienes razón —Lydia carraspeó y por fin subió al auto y cerró la puerta. Se recostó en el asiento y suspiró, como si acabara de librarse de una carga. Naomi aún tenía sobre el regazo la bolsa de papel con el teléfono dentro. Lydia, por su parte, volvió a mirar el edificio a sus espaldas.
Lydia seguía intranquila. Trent conducía con las manos firmes en el volante.
—Iremos a casa, señora Lydia. Si hay algo más que quiera comprar, podemos hacerlo cuando regresemos —informó Trent.
Lydia asintió, aunque el tono de Trent le resultó más tenso de lo habitual. El auto salió del estacionamiento y pasó junto a hileras de luces que brillaban contra el pavimento apenas húmedo.
Durante los primeros minutos, todo pareció normal. Naomi se recostó y suspiró.
—No creía que ir de compras fuera tan agotador.
Lydia sonrió apenas.
—Es porque todavía no te acostumbras.
Pero al poco tiempo Lydia notó algo raro en la forma en que Trent conducía. Trent aceleraba más de lo habitual. La vibración del motor subía por el piso como un zumbido bajo y constante. Movía las manos sobre el volante con agilidad y precisión. Y no mantenía la vista fija únicamente en el camino. Miraba el espejo retrovisor con una atención que Lydia no pudo pasar por alto.
—¿Trent? —preguntó Lydia en voz baja, aunque ya empezaba a sentir una presión en el pecho.
—Por favor, quédese sentada, señora —respondió sin volver la cabeza. Trent habló con más firmeza que de costumbre; su tono tranquilo encerraba una advertencia.
Naomi se tensó.
Por fin, Trent las miró por el espejo retrovisor. Su mirada era atenta y calculadora. No había pánico en sus ojos, sino una alerta contenida bajo una calma aparente.
—Hay un auto que nos ha estado siguiendo desde el centro comercial. Quiero asegurarme antes de alarmarlas.
La tensión invadió el auto tras esas palabras.
—¿Cómo que siguiéndonos? —Naomi habló casi en un susurro.
Lydia ya no sentía solo confusión, sino también miedo. La inquietud de antes, la sombra fugaz en el estacionamiento y la impresión de ser observada cobraban sentido. Aquello no era casualidad.
Giró para mirar hacia atrás.
Los faros se extendían a lo lejos; algunos autos pasaban a toda velocidad, otros reducían la velocidad al ritmo del tránsito. Sin embargo, un vehículo los seguía y mantenía siempre la misma distancia. No estaba ni muy cerca ni muy lejos; mantenía una distancia demasiado constante para ser un auto más en la vía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Mes Que Fuimos Verdad
Se terminó la novela 🥹...
Este es el final del libro de verdadddddd????...
Y que pasó con el embarazo de Lydia??...
Que aburridaaaaaa ya está la novela...
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...