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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 192

—Felisa, ¿no estás feliz? Te noto la voz ronca, ¿te sientes mal?

...La chica era bastante perspicaz.

—¿Felisa?

—No es nada —Felisa tosió suavemente—. Quizás es porque he estado trabajando muy duro últimamente.

—Entonces tienes que descansar más. Ah, por cierto, hay otra cosa. Escuché que el proyecto del que estaba a cargo el señor Lozano perdió a sus inversores y ahora hay que pagar una multa por incumplimiento de contrato. El director Ruiz y los accionistas hablaron con él y le exigieron que asuma toda la responsabilidad. Lo más probable es que tenga que vender sus acciones de la empresa para pagar la deuda...

Era evidente que se trataba de una trampa contra él.

Desde la creación de Vento Corp, Corporación Draconis los había atacado sin motivo aparente.

El público y el propio Alfonso Lozano creían que Vento Corp simplemente tenía suerte y bases sólidas. Nadie sabía que era ella quien arreglaba todo tras bambalinas.

Ahora que Santiago Torres había retirado su apoyo y los demás inversores habían huido en manada, Vento Corp ya habría quebrado si Corporación Draconis no hubiera comprado las acciones que ella dejó.

Le daba curiosidad saber por qué una potencia como Corporación Draconis se ensañaba con una empresa tan pequeña como Vento Corp.

¿Acaso Alfonso tendría algún problema personal con alguien de la junta directiva de Corporación Draconis?

Bueno, eso ya no era asunto suyo.

Lo que le pasara a Alfonso no le interesaba en lo más mínimo. Desde el momento en que rompieron, él dejó de importarle.

—Camila, necesito una secretaria de confianza. ¿Te interesaría intentarlo?

Camila se alegró muchísimo:

—¿De verdad, Felisa? ¿Crees que yo pueda hacerlo?

—Recuerdo que tu especialidad en la universidad fue asistencia ejecutiva, ¿no?

—Sí.

—Entonces, si estás dispuesta, ven a buscarme a Santa Fe.

Le venía muy bien alguien para el puesto y sentía que Camila era la persona perfecta.

De pronto, el sonido del agua se detuvo.

El hombre salió con el torso desnudo, llevando solo una toalla atada suelta a la cadera. Las gotas de agua resbalaban lentamente por los firmes músculos de su pecho, dándole un aura tan intimidante como terriblemente atractiva.

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