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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 178

Justo cuando él estaba a punto de clavar la aguja, Felisa dio un paso rápido hacia adelante, le detuvo el brazo de golpe y colocó sus dedos sobre el pulso de Doña Beatriz.

Con la mirada ensombrecida, preguntó:

—¿Podría mostrarme ese remedio que le dio?

Al ser interrumpido frente a todos, el rostro de Cristián se tornó hosco y la fulminó con una mirada de profundo desprecio.

—¿Acaso usted sabe algo de medicina?

—Un poco.

Cristián la miró de soslayo, convencido de que ella no sabría distinguir absolutamente nada. Sacó otro remedio y se lo pasó con indiferencia.

Felisa lo sostuvo entre sus dedos, se lo acercó a la nariz y olfateó. Su rostro cambió al instante.

Un penetrante olor metálico, mezclado con varias hierbas sumamente fuertes, le inundó los sentidos; era acre e insoportable.

Se trataba de una mezcla extremadamente agresiva. Su único propósito era forzar la energía vital del cuerpo hasta el límite, haciendo que el paciente pareciera milagrosamente recuperado, cuando en realidad solo era una peligrosa sobredosis que acortaba aún más su vida.

Con razón la anciana había recuperado el color en sus mejillas apenas tomó la medicina. ¡Todo era una ilusión!

Cristián hizo otro intento de aplicarle las agujas a la anciana.

—¡Espere! ¡No puede usar esas agujas!

Al ver que la mujer lo interrumpía de nuevo, Cristián endureció la expresión:

—¡Si vuelve a interferir y retrasa el tratamiento, ni un milagro divino podrá salvar a la señora!

Alicia Serna se interpuso, evidenciando su molestia:

—Señorita, le pido que deje de causar problemas. Si algo le sucede a la abuela, ¿va a hacerse responsable?

Dicho esto, le indicó al mayordomo que la acompañara a la salida.

Felisa frunció el ceño.

—Este remedio tiene ingredientes peligrosos y componentes sumamente agresivos. Cuando alguien lo toma, parece mejorar, pero en realidad solo exprime sus últimas reservas de energía. Si además le clavan esas agujas, la señora morirá al instante.

No podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo alguien cometía un asesinato frente a sus narices.

—¡Qué barbaridades dice! ¿Con quién vino usted y qué oscuras intenciones tiene? —le espetó Alicia Serna con expresión severa y una mirada afilada como una navaja.

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