Yahir notó su timidez y prefirió no presionarla.
Aun así, le había encantado su actitud de hace un rato.
No se esperaba que Alfonso siguiera de terco intentando regresar con ella, viajando hasta Santa Fe solo para acosarla.
Al parecer, tenía demasiado tiempo libre.
Un brillo gélido cruzó por los ojos del hombre.
“¿Tienes hambre?”.
Felisa asintió. “Sí, un poco”.
Con todo el asunto del lanzamiento oficial de Vitti y las campañas, había estado tan ocupada que ya había anochecido, y ni siquiera había tenido tiempo de comer bien.
Como Bianca no había ido a la oficina últimamente, a Felisa le tocaba supervisar también sus proyectos.
“¿Comida italiana o un restaurante más tradicional?”.
“¿Y si comemos carne asada?”.
Hacía mucho que no comía y de repente se le antojó.
Lo único que le preocupaba era si a Yahir le gustaría ese tipo de lugares.
“Conozco un restaurante de parrillada y mariscos cerca del mar, muy bueno. ¿Vamos?”, sugirió Yahir de forma relajada.
“Me parece perfecto”.
El Restaurante Mar y Brasa tenía dos niveles. La planta baja estaba llena de ambiente y bullicio, mientras que el segundo piso tenía una vista directa al mar, perfecta para escuchar las olas y ver las estrellas.
“Enzo, qué milagro. ¿Qué viento te trajo por aquí?”.
Una mujer madura, pero sumamente atractiva, se acercó. Su mirada se desvió hacia Felisa; mostró sorpresa por un segundo antes de soltar una sonrisa cómplice.
“¿Tu novia?”.
Yahir asintió levemente. “Tía Nancy, ¿tienes una mesa libre?”.
“Claro, pasen al segundo piso”.
La dueña los guió hacia arriba.
“La última vez Rodrigo me dijo que ya estabas saliendo con alguien, creí que era una de sus bromas. Nunca pensé que fuera en serio”, susurró ella con una sonrisa. “Tienes muy buen gusto, es muy hermosa”.
Yahir sonrió de lado pero no dijo nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA