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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 166

En lugar de soltarla, Alfonso la agarró con más fuerza, con los ojos inyectados de rabia y desesperación.

La mirada de Yahir se oscureció. Sin decir una palabra más, levantó el pie y le dio una patada brutal en el hombro.

El golpe fue rápido y despiadado. Alfonso no tuvo tiempo de reaccionar; el impacto lo mandó volando hacia atrás, obligándolo a soltar a Felisa antes de caer de forma patética al suelo.

Antes de que él pudiera incorporarse, Yahir jaló a Felisa hacia sí y la envolvió protectoramente entre sus brazos.

El hombre, imponente y altivo, emanaba una presencia tan asfixiante que dominaba la habitación. Miró a Alfonso con una superioridad absoluta y un desprecio indudable.

“¿Acaso te di permiso para ponerle las manos encima a mi mujer?”.

Alfonso se levantó del suelo tambaleándose. Al ver a Felisa recargada dócilmente en el pecho de ese hombre, los ojos se le pusieron rojos. Los celos lo estaban volviendo loco.

Gritó con los dientes apretados: “¿Y tú quién diablos te crees que eres? ¡Felisa era mía!”.

Yahir curvó los labios en una sonrisa arrogante. Bajó la cabeza, depositó un beso en los labios de Felisa y luego miró a Alfonso con sus ojos brillantes, cargados de una posesividad y provocación absoluta, luciendo tan distinguido como desafiante.

“Qué lástima que, a partir de ahora, ella sea mía”.

El beso repentino tomó a Felisa por sorpresa, pero rápidamente se ruborizó y apoyó la mejilla en el pecho de él.

“Soy tuya”.

Al ver esa escena, Alfonso empezó a temblar de ira. Sus ojos parecían inyectados en sangre. El nivel de envidia que sentía en ese momento casi lo calcina por dentro.

Antes, Felisa odiaba el contacto físico con cualquier hombre que no fuera él. Si alguien la rozaba por accidente, llegaba a casa y se lavaba con jabón por horas. Y ahora, ahí estaba, acurrucada en los brazos de otro, dejándose abrazar y besar, y respondiéndole en su propia cara: “Soy tuya”.

¿Cómo podía ser de otro? Ella le pertenecía a él.

“Felisa...”, su voz salió quebrada mientras extendía una mano temblorosa hacia ella, suplicándole con desesperación. “Vuelve. No te vayas con él”.

Felisa lo ignoró por completo. Se aferró al brazo de Yahir, levantó su rostro dulce y le dijo: “Vámonos. No vale la pena perder el tiempo con gente que no nos importa”.

Yahir bajó la vista hacia ella, con una sonrisa triunfal en los labios. “Tienes razón, no... nos... importa”.

Dicho esto, la abrazó por la cintura y salieron del lugar con pasos firmes, sin siquiera mirar atrás.

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