“Bueno, ya tengo trabajo que hacer. Hablamos luego”.
Nancy negó con la cabeza y colgó. Siempre que le tocaba el tema, ese chamaco se las arreglaba para colgarle.
Apoyó la cara en la mano y levantó la vista hacia el segundo piso.
De verdad que hacían una pareja espectacular. ¡Dignos de una revista!
Siempre había creído que a Enzo no le interesaban las mujeres, pero resultó que simplemente era demasiado exigente.
“Mamá, tráeme una bebida, me muero de sed”.
Catalina García se dejó caer en un taburete, abanicándose con la mano.
“Te falta condición física. ¿Cuánto corriste para estar así de agitada?”.
Nancy le sirvió una Coca-Cola. Catalina la tomó y se la bebió de un solo trago.
Su mirada vagó distraídamente hacia el segundo piso y se detuvo de golpe. Sus ojos se iluminaron de alegría.
“Mamá, es Yahir”.
Hizo el amago de levantarse y salir corriendo hacia las escaleras.
Nancy la agarró rápidamente por el brazo. “Está en una cita con su novia, no vayas a interrumpir”.
“¿Novia?”. Catalina se quedó en shock. “¿Desde cuándo Yahir tiene novia?”.
“Ya tiene treinta, es lo más normal del mundo”.
“Pero mamá, ¿no que a Yahir no le gustaban las mujeres?”.
En realidad, desde la primera vez que lo vio, se había enamorado de él. Pero como siempre era tan serio, distante y parecía no tener interés romántico, ella había guardado sus sentimientos en secreto, sin atreverse a decir nada.
Y ahora resultaba que alguien se le había adelantado.
Si hubiera sabido que a él sí le interesaban las mujeres, se le habría confesado hace mucho.


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