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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 159

Aunque por dentro hervía de rabia, Vanessa sabía que era mejor no provocar a Ignacio ni arruinar su propio futuro. Al fin y al cabo, tendría muchas oportunidades más adelante para cobrárselas a Lucía Méndez.

—Lo siento, Lucía. No debí levantarte la mano.

Lucía se mantuvo en silencio. No podía perdonar tan fácilmente a alguien que la había humillado y golpeado.

—Vámonos.

Yahir tomó a Felisa de la mano y entraron al ascensor.

Rodrigo los siguió apresuradamente.

Ignacio miró a Vanessa con frialdad.

—¿Y a ti quién te dio permiso de venir?

—Nacho, solo te extrañaba mucho. Me enteré de que estabas en el club esta noche y... —Vanessa intentó justificarse con la misma voz suave de siempre.

—¿Fuiste tú quien le avisó? —Ignacio dirigió una mirada helada al gerente y soltó una carcajada burlona—. Últimamente parece que tomas las decisiones por tu cuenta. Si vuelve a pasar algo como esto, estás fuera de Altamira.

El gerente palideció del susto.

—Señor Casal, le juro que no volverá a ocurrir.

Casi pierde su trabajo por culpa de esa mujer.

—Tú, ven conmigo.

Ignacio le indicó a Lucía, antes de darse la vuelta y entrar al ascensor de al lado.

Viendo que se marchaban, Vanessa se mordió el labio.

—¿Y qué hay de mí, Nacho?

—Vuelve por donde viniste y no me busques a menos que yo te llame —respondió Ignacio de forma tajante y sin inmutarse—. Y si sigues sin entender tu lugar, esto se acaba hoy mismo.

El hermoso rostro de Vanessa se quedó pálido al instante.

En los dos años que había estado al lado de Ignacio, siempre se había presentado como su novia. Él nunca lo desmintió, así que llegó a creer que era especial para él. Después de todo, de todas las mujeres con las que había estado, ella era la que más tiempo había durado.

Mientras las puertas del ascensor se cerraban lentamente, los ojos de Vanessa se llenaron de un profundo rencor.

Todo esto era por la maldita de Lucía.

Si ella no se hubiera cruzado en su camino, Ignacio jamás la habría tratado de esa manera.

Volviéndose hacia Sandra con rostro sombrío, le ordenó:

—Investiga quién diablos era esa mujer de hace rato.

De seguro no era más que otra lagartona que se aprovechaba de su físico para engatusar a los hombres.

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