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El Marido que no supo perder romance Capítulo 222

—... Sí. Dime dónde nos vemos.

A las seis y media de la tarde, se encontraron en un restaurante exclusivo y bastante tranquilo.

Nerón vestía de manera informal, con una camiseta gris claro y el cabello bien peinado. Había perdido un poco de su aire imponente, pero se veía mucho más accesible y relajado.

Gretel, sentada frente a él, llevaba un suéter amarillo cálido, pantalones anchos color camello, el cabello suelto y unos sencillos pendientes de brillantes. Lucía natural, pero muy elegante.

Cuando llegó la comida, ambos probaron unos bocados.

Mientras le servía un poco más de comida en su plato, Nerón le dijo:

—Es probable que tenga que salir del país por un tiempo.

Gretel levantó la vista.

—¿Viaje de negocios?

—Algo así. Hay unos problemas con nuestras operaciones en el extranjero que requieren mi atención personal. Tal vez me tome unos dos o tres meses. —No mencionó la guerra de precios y esbozó una ligera sonrisa—. Quería decírtelo en persona.

—¿Cuándo te vas? —preguntó ella, soltando los cubiertos.

—Mañana. Todo es muy precipitado.

Gretel asintió y le recomendó con sinceridad:

—Cuídate mucho. No olvides llevar abrigos.

Nerón bajó la mirada, sonriendo, y acarició el borde de su taza con sus largos dedos.

—Gretel.

—¿Sí?

—Mientras esté de viaje, quiero que pienses muy bien en algo. —La miró, con una expresión compleja en sus astutos ojos—. Piensa si de verdad quieres estar conmigo.

Gretel frunció un poco el ceño, pero guardó silencio.

—No tienes que responderme ahora. Cuando regrese, me das tu respuesta.

—Cualquiera que sea, la aceptaré.

Hubo unos segundos de silencio.

Gretel tomó su taza y dio un pequeño sorbo, ocultando sus emociones tras sus espesas pestañas.

—Está bien.

Nerón no presionó más. Dejó el tema hasta ahí y empezó a preguntarle por Valentina.

—Quiero empezar de cero contigo. —Rosendo levantó la mano con la intención de tomarla por la muñeca y jalarla hacia él.

Pero al final, contuvo el impulso y se limitó a mirarla con inmensa seriedad.

Parecía que el tiempo se había detenido en aquella calle. Después de lo que pareció una eternidad, Gretel levantó la vista hacia él.

Ese hombre era increíblemente atractivo: cejas marcadas, nariz recta, mandíbula firme... y sin embargo, proyectaba un aura de hielo que alejaba a cualquiera.

Pero en ese momento, mientras le decía esas palabras, parecía inexperto, completamente vulnerable y perdido.

Era la primera vez que lo veía así.

—Rosendo. —Respiró hondo, esforzándose por mantener la mente fría—. Cuando firmamos esos papeles hace cinco años, lo nuestro terminó para siempre.

Él frunció el ceño e intentó hablar, pero ella continuó.

—Te creo cuando dices que hablas en serio. Pero no quiero volver a cometer los mismos errores.

—Ya no tengo con qué apostar.

Aún no podía olvidar el dolor que la había consumido día y noche.

Tenía miedo. Si lo vivía una vez más, no lo soportaría...

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